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LOS HIJOS

En una sociedad que está siempre mirando a corto plazo, en la que cada esfuerzo exige una respuesta benéfica inmediata, en la que no se tiene la paciencia de hacer las cosas sin saber cómo ni cuándo uno va a obtener la recompensa; en una sociedad así, educar a los hijos se hace más complicado.

Los hijos requieren tiempo, paciencia, ir por delante, que significa vivir nosotros de acuerdo a cómo nos gustaría que ellos vivieran cuando fueran mayores. ¿A cambio de qué? De nada. Por cariño a ellos. Tenemos que tener la paciencia de saber que las personas maduran con el tiempo, como el buen vino. Esa paciencia a los hijos la comprenderán, la valorarán. Probablemente no nos demos cuenta, pero así es. Hemos pasado unos días en que, probablemente, hemos estado más tiempo con ellos. ¿Les hemos conocido más? ¿Mejor? ¿Les hemos escuchado?

Si creemos que podríamos haberlo hecho mejor, hoy es un buen día para emprezar. Hoy es el primer día de lo que te queda de vida. Exijámonos. Mucha gente dice que se le ha pasado la infancia de sus hijos sin darse cuenta. Miremos hacia delante. ¡Rectificar es de sabios! Y no olvidemos que las rectificaciones se llevan a cabo concretando y viviendo lo concretado.


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