La educación en la sexualidad, se está convirtiendo en una dificultad mayor, de lo que podría parecer a simple vista. Debido al bombardeo de impactos sexuales que tenemos en nuestra sociedad.
La única forma de conseguir educar, en situaciones como esta, presupone que los padres vivamos con delicadeza, respeto y naturalidad todo lo relacionado con el sexo.
Los hijos lo verán y eso constituye una base muy grande a la hora de educar.
Lógicamente, habrá que hablar de ello con los hijos, con la misma delicadeza, respeto y naturalidad, con que nosotros procuramos vivirla. Añadiendo, además, la claridad.
No podemos ser tan ñoños, para creer, que vamos a asustar a nadie. Lo saben todo, y probablemente, más que nosotros o, por lo menos, más torcido que nosotros.
Pero no quería referirme ahora, tanto a la explicación y educación en la sexualidad a nuestros hijos, como a lo que muchos padres piensan que es educar en la sexualidad.
Para muchos padres de nuestro tiempo, ante la dificultad que entraña, o ante la falta de autoridad, de voluntad, o de interés, para educar en la sexualidad, convierten esta educación en una huida.
No educan, pero como tienen miedo, miran al bolso de las hijas y a los bolsillos de los hijos con la esperanza de encontrar la píldora o un preservativo.
Yo no sé que hacer con ellos, como educar, y en vez de hablar serenamente, de informarme, de formarme, exigirme, lo que hago es huir.
Mi único objetivo en esta campo es que no me causen problemas, que yo no sufra por la sexualidad de mis hijos - ¡ya estás sufriendo! – y para eso, en vez de educar, lo único que se intenta es prever ciertas consecuencias.
El daño ya está hecho. Los hijos, que llevan una cámara de video incrustada en la cabeza, están grabando tus intenciones. Los estas maleducando. Los estas haciendo infelices, porque, el final de esa situación, es el sufrimiento, la soledad, el ser utilizados – sobre todo ellas – como objetos de placer.
En muchos casos, estas impidiendo que puedan ser queridos como personas en el futuro. A lo más sólo admirados como cuerpos.
El asunto es serio y si hay que empezar de cero, se empieza. Tenemos que ser consecuentes, así ayudaremos a nuestros hijos y nos evitaremos muchos sentimientos de culpa ¡ánimo!