LO PRIMERO

 

¿Qué es lo primero y más imprescindible que usted recomendaría a la hora de educar? ¿Aquello sin lo cual toda labor educativa sería un fracaso?

Lo primero, como usted me pide, es que los hijos se sientan queridos. No que nosotros los queramos, que eso se da por hecho, sino que ellos se sientan queridos. Que se den cuentan que son importantes para sus padres. Eso con mucha frecuencia no se da. Muchos jóvenes de nuestro tiempo no se sienten queridos por sus padres. Por lo que les dicen, por como les tratan, por lo poco que les exigen. Es muy frecuente. Esto sería un requisito previo a la hora de educar. Una condición necesaria, pero no suficiente. La puerta de entrada a toda educación, una vez que el cariño se da por supuesto, es la sobriedad. Una persona que no es sobria tiene muchas dificultades para aprender a querer, que es el fin de toda educación. Enseñar a nuestros hijos a querer.

El consumismo, el desear tener todos los sentidos satisfechos continuamente, impide al ser humano querer. Una persona que no sabe querer, como se ha dicho en este trabajo, es porque no está educada. Por eso, en las sociedades consumistas como la nuestra, hay menos estabilidad en los matrimonios y se vive menos la religión. Como sabemos tanto la religión como las relaciones de pareja exigen saber querer y ¡no se sabe!

Enseñemos a querer a nuestros hijos, es la única forma de que sean felices. Para eso atémosles cortos, que tengan un poco menos de lo que desean. ¡Merece la pena!

 

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