RESPETAR LA LIBERTAD NO ES TAN FÁCIL

 

Tengo un hijo de 12 años que me dice que en clase, con frecuencia, sus compañeros se meten con él porque es católico y procura vivir como tal. A mi me da miedo, porque pienso que, aunque es buen chico, en  algún momento puede cansarse y dejar de practicar. ¿Cómo cree que debo actuar y qué le debo de decir? Mi marido dice que mientras nosotros no bajemos la guardia, el niño no  va a bajarla. Al ser el mayor, también me preocupa, porque puede ser un ejemplo para sus dos hermanos más pequeños.

Eso que usted me cuenta le está pasando en nuestra sociedad, no solo a su hijo, sino a mucha gente. El Papa recientemente ha hablado de ello. Bastantes personas que se les llena la boca de la palabra libertad, no entienden lo que es. Estamos en una sociedad donde tenemos que pensar todos lo mismo. Para muchos la libertad  personal debe ser respetada siempre y cuando pienses como yo. En el momento que no se hace así será uno atacado. Se le pide a las personas que demuestren hasta la saciedad sus convicciones y luego se les responde con un insulto: fascista, fundamentalista. Mientras, los partidarios del pensamiento único, son llamados amantes de la libertad. Así, por ejemplo, a una persona que tiene mas hijos de los que parecen correctos se le insulta y se le llama irresponsable, porque- dicen- no va a poder educar a tantos. Cuando no se les llama fanáticos. No hay que extrañarse. Ocurre en todas las situaciones en las que, por vivir de cara a Dios, uno se hace la vida un poco más incomoda. Uno puede hacerse la vida menos cómoda por tener un cuerpo más atractivo, por ganar más dinero, o por tener más poder, será aceptado. Como se la haga por vivir bien sus creencias, por Amor a Dios, será rechazado. Lo harán aquellos que solo aceptan que se viva como ellos dicen, y se piense como ellos piensan. Además piden escrupuloso respeto a su forma de entender la vida, a sus cobardías disfrazadas bajo el manto de coherencia, o a la traición continuada que hacen a sus creencias o a sus amores.

Yo creo que con la edad que tiene su hijo, hay que decirle que en nuestra sociedad, los cristianos somos minorías. Que hay que vivir con personalidad. Nos debemos de sentir orgullosos de vivir contracorriente, porque es una oportunidad más que se nos da, de imitar a Jesucristo. Él también vivió así en su tiempo. Por otra parte, también se nos da la posibilidad de explicar nuestra vida y de decir porqué hacemos las cosas. Seguro que, los menos superficiales, los más maduros como personas, nos escucharán y a muchos los dejaremos pensativos.

Esa forma de vivir tan relativista puede ser un indicativo de la soledad que muchos de nuestros contemporáneos -los que más huyen del compromiso-  padece o padecerán. En el fondo el relativismo es adaptar las cosas a mi comodidad.

Me dice en su carta que está preocupada. Yo le aconsejo que no se preocupe y que no se queje. Lo que tenemos que hacer es actuar, rezar y perdonar. La queja no es cristiana y demuestra falta de esperanza. ¡Ánimo!

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