EL TIEMPO Y LA ADOLESCENCIA

Tengo dos hijos en la adolescencia un niño de 17 años y una niña de 15 además de otro más pequeño. A veces tengo la sensación de que los conozco poco, han cambiado mucho, pero no de la misma forma, la niña por un lado y el chico por otro. A veces me veo agobiada. Mi marido me dice que no me preocupe, que son buenos chicos y que el tiempo juega a nuestro favor. ¿Realmente es así?

En principio,  el tiempo juega a favor de que se acabe la adolescencia. Si son buenos chicos hay que insistir en los valores que le hemos inculcado hasta ahora. Y hacer todo lo posible por vivirlos nosotros lo mejor que podamos. En la adolescencia se cuestiona todo también la educación que le hemos dado. En ese sentido, mientras se preguntan si merece la pena todo lo que les hemos enseñado, el tiempo juega a favor nuestro.

En realidad todos los padres nos hemos quedado sorprendidos cuando nuestro primer hijo, ese que nos está enseñando a ser padres, alcanza la adolescencia. Hace que nos cuestionemos todo nuestro sistema educativo. Nos hace pensar más en cuestiones relacionadas con la educación y hablar más de ella.

Las opiniones que vertimos en esas conversaciones son más inseguras que al principio, cuando los hijos eran pequeños. Se da uno cuenta que dos y dos no son cuatro. Uno, a lo mejor, pudiera tener la sensación de que los demás eran un poco ñoños, cuando nos contaban hechos relacionados con la adolescencia de sus hijos. O, incluso,  creer que  eran padres que no sabían hacer las cosas. Nosotros si sabíamos. Eso ya no está tan claro.

Tomamos conciencia que todo nos puede ocurrir a todos ¿Qué pasa? ¿De donde viene la inseguridad? Por otro lado los chicos, como he dicho antes, empiezan a cuestionarlo todo. La adolescencia es época de grandes ideales o de grandes egoísmos.

Es verdad que, a veces, nos cuestionan asuntos que creíamos  tenían totalmente asentados, lo cual nos produce inseguridad. Incluso nos planteamos, si ha servido para algo todo lo que les hemos enseñado hasta ahora. Digamos que un adolescente empieza a pelearse con valores que hasta ahora vivía. Los ordena, los cataloga, los rechaza .Pero en este proceso, que es lógico, la adolescencia va pasando. El tiempo, como le dice su marido, juega a nuestro favor, ¡y al suyo! Y, si nosotros no dejamos de exigir, con serenidad, pero no bajando las exigencias, él seguirá luchando. Lo cual es tremendamente positivo.

Además, cuando no hay lucha personal, la adolescencia dura más. En esta sociedad donde las personas luchamos poco por ser mejores, cada vez se habla más de adolescencia tardía.

Educando a una persona con coherencia, límites, exigencia y con cariño, se puede decir, que va a sufrir menos y lo va a pasar mejor. También en la adolescencia. 

Foto vía: Brujo+ vía photopin cc

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