EXPLICAR LA FÉ A LOS ADOLESCENTES

Tengo una hija adolescente que, cada vez que le digo algo, me dice que  los tiempos han cambiado y que las cosas se hacen ahora de otra manera. Si lo que le digo, está relacionado con la moral o las sanas costumbres, entonces lo que me dice es que soy una fundamentalista y que soy más papista que el Papa. En realidad, yo lo que le digo es que si uno es cristiano, tiene  que vivir de acuerdo a la Doctrina de la Iglesia. Me dice que la religión es una cosa personal y que de religión no hay que hablar. En fin, creo que usted sabe por donde voy. Me puede decir algo en lo que yo pueda reargumentar mis razonamientos.  

Que un adolescente se rebele ante lo que le rodea, es lo más normal del mundo. De hecho, la adolescencia consiste, hablando  en general, en descubrir el mundo otra vez y por su cuenta. Cuestionan todo lo que los padres y educadores les hemos enseñado, les cambia la forma de pensar, su pensamiento se hace más deductivo, más global. Enlazan más y mejor unos acontecimientos con otros. Redescubren la amistad, el sentido del trabajo, del amor, del compromiso. En realidad, es como si se metieran las manos en los bolsillos y sacaran todo lo que se les ha enseñado hasta la fecha y lo pusieran encima de una mesa para ir cuestionándolo. Esto es bueno para padres y educadores, porque mientras tanto, el tiempo va pasando y cada vez se está más cerca del final de la adolescencia. Si se metieran las manos y en los bolsillos no hubiese nada, entonces el problema sería mayor. No tendrían nada con que “pelearse”. Eso sería una consecuencia de que no se les está educando. Al no tener nada que cuestionar, se lanzarían a lo que les pide el cuerpo: sexo, drogas, alcohol… 

De ahí la importancia de educar a las personas en valores, Educación que requiere esfuerzo por conseguir que ellos vayan viviendo  esos valores. Si no se hace así, muchos de ellos se perderán. Así de claro.

Cuando un niño o niña no hace lo que tiene que hacer,  por que no le gusta, por ejemplo come solo lo que le gusta. Lo que va a quedar deformado, y no educado, en el futuro, va a ser- lo hemos comentado anteriormente pero me parece positivo repetirlo- va a ser, decía, lo relacionado con la afectividad. Van a tener difícil  saber querer,  saber aguantar por amor, dominar sus instintos. En cambio, si no hacen lo que deben, porque les cuesta, lo que va a quedar dañada es la laboriosidad, el cumplimiento del deber. Tenderán a la pereza.

Sobre lo que le dice su hija de que es muy  rígida en lo relacionado con lo religioso, hay que procurar ser oportunos  a la hora de hablar de religión con los adolescentes. Enseñarles que los evangelios “son un todo”. Es decir, ser cristiano no es vivir aquello que me gusta, que  me atrae el sentimiento y desechar aquello que mi sentimiento no ve claro. Y, por tanto, si no me atrae, no lo vivo. Eso es lo que se llama una religión de supermercado, esto me lo llevo, esto otro no. La religión es un todo y hay cosas que, según las circunstancias por las que pasamos, nos pueden costar más que otras.

En relación a lo que dice sobre  que la religión es una cosa íntima, de la que no se debe hablar, forma parte de una corriente dominante que quiere meter en las sacristías a los católicos. Donde debemos y tenemos que estar es en medio de la calle. Tenemos que trabajar y sacar a nuestra familia adelante, como los demás. También debemos construir la sociedad como todos los demás ciudadanos.

El cristianismo es amor, es cariño hacia Cristo. Es muy difícil que una persona no hable de sus cariños. Normalmente, nuestros temas de conversación, están en torno a lo que nos importa. No hay cosa que importe más que el amor. Por tanto, pedir que un cristiano, que intenta vivir como tal, no hable del Cristianismo es, sencillamente, no saber que es ser cristiano. Sería como pedir a un enamorado, que no hable de su amor. Eso no quiere decir que uno se convierta en un pesado o en un monotemático.

Además, estamos en la sociedad de la comunicación, de la imagen, de la publicidad. O sea, que uno puede hablar de las ventajas de una lavadora y no puede hablar de las ventajas de querer y sentirse querido. Eso es no saber lo que se dice. 

Sea oportuna, sea discreta, hable más a Dios de sus hijos adolescentes, que a estos de Dios. No obstante, cuando crea que debe decir algo, dígalo. También sería bueno decirle que esa petición de que no le hable de Dios no la puede seguir. Es como si le dijera que no cumpliese con su obligación. 

Que su hija se sienta querida, comprendida en su desconcierto, un adolescente es, fundamentalmente, una persona desconcertada. Que ha usted le vean vivir según son sus creencias. Verá como en poco tiempo  va pasando ese “sarampión”.

La felicito por la pregunta que ha hecho,  actualmente hay muchos padres acomplejados con lo que usted dice. ¡Ánimo!

Foto vía: Alain Bachellier vía photopin cc

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