LOS CELOS ENTRE HERMANOS

Tengo tres hijos, los tres varones, de 12, 11 y 9 años. El motivo de esta consulta es que el mayor se pasa la vida pendiente del pequeño y todo lo que hacemos con el pequeño lo compara para ver, si lo hemos hecho con él o no. A mi me produce rabia por un lado, y, por otro, me da pena. Veo que lo pasa fatal. Como podría yo decirle que no fuera así. En el futuro, su comportamiento, no va a ser bueno para la relación entre los hermanos

Con los datos que me da, lo que parece que le pasa a su hijo, es que tiene envidia de su hermano pequeño. 

Efectivamente, las personas envidiosas lo suelen pasar mal y hacerlo pasar mal a los demás.

Igual que hay personas que tienden más a la pereza que otros, o son más glotones que los demás, también pasa lo mismo con la envidia. Hay personas que son más envidiosa que la media.

Para que la envidia no se convierta en un problema, es bueno que la persona que es envidiosa, se sienta comprendida y, con delicadeza, se le diga que lo que le pasa. Es muy importante cuidar las formas a la hora de decírselo, porque el envidioso no suele reconocerlo y además le molesta tener ese defecto. Es un defecto, como lo diría yo, muy mal visto socialmente.

Un perezoso, incluso, puede presumir de ser perezoso y un glotón de comer mucho. Nunca habrá visto usted a un envidioso presumir de su envidia.

Por otra parte, es bueno que sepa que él no es culpable de que le venga esa necesidad de compararse a los demás.

Es una sensación que no es voluntaria, él es culpable de que la envidia tome cuerpo, pero no de que venga. 

Por lo tanto, convendría, que usted o su padre, hablasen con él y le explicasen lo que  les estoy diciendo. Si se siente comprendido, seguro que empezará a luchar para no ser envidioso.

Como no se solucionan estas cosas es echándoselo en cara y diciéndole que lo que le pasa es que es un envidioso y cosas por el estilo. Lo único que se consigue, con esa forma de actuar, es que sea cada vez más envidioso y que pueda llegar a convertirse en una  persona rencorosa. Como he dicho, a él no le gusta tener ese defecto.

Y es que, como decían los romanos, lo primero que hay que hacer para educar a Cayo, es querer a Cayo. 

Que se sienta comprendido, querido y ayudado y que vea que no se dramatiza su forma de actuar. Verá como las cosas van mejor. 

Foto vía: recolectoradluz vía photopin cc

comments