¿REGALAR ES IGUAL A QUERER?

Tengo dos hijos pequeños y tanto mi familia como la de mi marido les están haciendo regalos de una manera continuada. Nosotros en casa también les compramos caprichos. Yo no soy muy partidaria, pero mi marido dice que tampoco hay que exagerar, que son pequeños y  no pasa nada. Yo no se como explicarle que sí pasa y que se les puede hacer daño. Algunas veces pienso que a lo mejor soy una exagerada ¿Usted que cree?

Lo primero que se debería hacer es fijar un criterio acerca de la categoría de regalos que hay que hacerles a los hijos. Muchas veces, los abuelos y demás familia pueden deshacer lo que hacen los padres. Parece que cuanto más caro sea el regalo, quieren más al niño. Luego, a veces, le  preguntan  a los  niños acerca de los regalos que les han hecho los otros abuelos u otros familiares. Esto puede llevar a  hacer comentarios despectivos hacia esas personas porque, según su criterio, han regalado poco, lo que siguiendo su forma de pensar quiere decir que los quieren poco. Los niños empiezan a opinar sobre cosas que ni se les habían pasado por la cabeza y, como vemos, el regalo ha servido para deseducar y desunir. No digamos si quien hace la comparación de regalos- cosa por otra parte muy frecuente – es el padre o la madre y además delante del niño. No es difícil que terminen discutiendo porque tus padres han regalado poco, o siempre los míos regalan más que los tuyos, o cosas por el estilo. Tonterías.

Lo primero que tienen que hacer lo regalos, es no desunir. 

También seria bueno que no deseducaran. Regalos abundantes y caros  hacen que el niño se meta en un mundo de consumismo que es, desde mi punto de vista, una de las cosas más negativas que actualmente existen a la hora de educar a los hijos.

La palabra motivación viene a significar aquello que mueve al hombre, proviene de la palabra latina “motivus” que se puede traducir por valor. Por tanto, al hablar de motivación, estamos hablando de los valores que mueven a las personas a hacer cosas. Estos pueden ser: externos, internos y transcendentes. Dentro de los externos es donde se encuentran los regalos. Son los que menos mueven al ser humano. Siguen la ley de los rendimientos  decrecientes. Cada vez hay que dar más, para obtener la misma satisfacción. Como se ha dicho, son los menos eficaces a la hora de “tirar hacia arriba” de las personas. Las motivaciones internas  son aquellas que me producen a mi una satisfacción personal porque me gusta aprender o porque se que agrado a mis padres. Por tanto, el crear aficiones en los hijos, como se ve, es mucho más motivante para ellos que darles regalos. La motivación será más duradera y se puede retroalimentar sola. Siempre  se puede saber más, agradar más. Igual que las externas podemos decir que se movían en el campo del  tener, de estas podemos decir que se mueven en el  del saber. Por último, las motivaciones transcendentes, son las que hacen que el ser humano se sienta satisfecho porque se da  a los demás.  Son aquellas hacia las que tienden  las personas que son educadas.  No olvidemos que, en el fondo, educar es   enseñar a querer a una persona. Una persona que no sepa querer se puede afirmar, con toda seguridad, que no está educada. Estas son las que de verdad tiran del ser humano.

Lo que acabo de decir se puede comprobar. No se conoce  a nadie al que  le hayan dicho: Te doy un millón de euros y luego te mato y que haya  aceptado. Tampoco por saber: Te enseño tal cosa y luego te mato. No son motivaciones suficientemente fuertes como para que una persona dé la vida. En cambio, muchos millones de personas han dedicado su vida a ayudar a los demás, sabiendo de antemano que, probablemente, la iban a perder.

Y es que los regalos sirven para poco, y además, fomentan el consumismo. Hay que procurar tirar para arriba de las personas en el terreno del saber o del querer. Es muy bueno, en el campo de los regalos, hacer las cosas con  sentido común. Del que por cierto, nuestra sociedad no anda muy sobrada.

En resumen, la falta de sobriedad y los caprichos con los hijos hacen que estos sean menos capaces de decir no a cosas o situaciones que les pueden gustar o ser  atractivas, pero que objetivamente, no les convienen. Dicho de otra forma, entre los caprichosos están las personas que peor saben utilizar su libertad, los que menos dominio tiene de si mismos, y los que peor manejan situaciones difíciles en el terreno de los sentimientos. Por tanto, son personas menos fieles que aquellos que poseen un dominio mayor sobre ellos mismos. Son menos capaces de amar, porque el amor exige, en muchas ocasiones, sacrificio. Al no haber sido educados en el esfuerzo, esta exigencia personal se hace muy difícil. Por lo que hemos dicho se deduce fácilmente que tienen menos posibilidades de ser felices.  

Pero son los padres los que tienen que decidir. ¡Animo!

Foto vía: Bicimag vía photopin cc

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