MAFIA

Por distintos motivos, en las empresas se pueden producir divisiones internas y, en ocasiones, entre personas con bastante poder. Estas fracturas pueden ir ahondando y consolidándose hasta llegar a cristalizar en, muchos casos, en verdaderos clanes. Incluso hemos contemplado empresas donde se habían formado auténticas mafias de poder interno, que atemorizaban a un número considerable de trabajadores de la compañía. Y todas las acciones mafiosas, no faltaría más, se realizaban con guante blanco y con una sonrisa en la boca.

En esos casos, la empresa se encuentra dividida y, lógicamente, todo el mundo, salvo raras excepciones, toma partido por una facción. No hacerlo puede ser peligroso, aunque en ocasiones puede ser el lugar más cómodo, porque el ámbito de libertad es mayor. La habilidad del empleado para moverse ambiguamente sin levantar ampollas en ninguno de los dos bandos determinará la libertad que va a tener. Pertenecer a uno de los clanes da cierta seguridad a los empleados.

Parece como si uno tuviera más seguro su puesto de trabajo. Por lo general, el Director General o en Consejero Delegado, no quieren saber nada de esto. Aunque lo sepan.

Esta desunión total entre equipos se lleva a cabo de una manera drástica, no sólo porque los directores estén divididos, sino porque la gente percibe que llevarse mal con las personas del otro equipo - administrativos, secretarias, y cualquier otro miembro del staff-, se valora positivamente por parte de su jefe.

Ya tenemos dividida la empresa y a las personas que la componen. Y los grandes artífices de esta fractura han sido directivos que se creen que son muy buenos. ¿Causa? Generalmente la soberbia, la ambición y el desordenado afán de poder a cambio de lo que sea. De esa forma, se llega a tener a altos directivos de las organizaciones actuando contra ellas. Pero, ¿cuántos directivos serán capaces de reconocer esta situación? Todavía no hemos conocido ninguno.

Con el paso del tiempo, una de las dos facciones ganará, con el consiguiente perjuicio para la otra y con el deterioro de la cuenta de resultados de la compañía. Incluso aunque parezca que los resultados han sido buenos, siempre podrían haber sido mejores, si la gente se hubiera esforzado por aportar, por unir, por ir en la misma dirección. Y es que la falta de sinergia, sobre todo si es provocada, es imposible que tengan un impacto positivo en los resultados.

Los Consejeros Delegados tienen mucho que decir en estos casos: no premiar la disputa entre directivos y, en algún caso, penalizarla de una manera notoria y ejemplar para el resto de la corporación.

Foto vía: Artiom Ponkratenko vía photopin cc

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