PUDOR A LA HORA DE CONTAR

Muchas veces hemos oído decir, no sin razón, que las secretarias son quienes más a fondo conocen al personal de las empresas y no sólo en lo profesional, sino también en lo personal. Está a la orden del día: la secretaría es para muchos directivos -sobretodo para aquellos que carecen de dominio de sí mismos- la persona ideal para desahogarse emocionalmente. Su figura ha sido utilizada no sólo en canciones, sino también en novelas y películas. En esas composiciones aparece como “la tercera en discordia”, que permite al guionista o escritor presentar el triángulo sobre el que se establece y desarrolla toda la trama del libro o la película. 

Nunca faltarán situaciones que nos empujen a buscar un desahogo: ante una bronca del jefe, ante las tensiones que generan los movimientos dentro de la compañía, con motivo de una discusión con otro del departamento y, por supuesto, ante la infinidad de problemas personales… En todas esas ocasiones, la secretaria está ahí y suele ser la más y mejor informada. ¿Por qué? Porque mucha gente tiene un alto nivel de confidencia con la secretaria de modo habitual. Haya o no circunstancias negativas. En las duras y en las maduras allí está ella, y allí están los directivos, abriendo el corazón.

¿Resultado? El volumen de información emocional que manejan las secretarias de muchos directivos es una auténtica bomba de relojería. Su poder es inmenso, porque tienen la información necesaria para tocar el fondo de esas personas en momentos difíciles, en momentos de debilidad. Su capacidad de manipular al directivo es insuperable, porque tienen la llave de su fibra sensible. ¿Y quién les ha dado este poder? ¡El mismo directivo con sus confidencias habituales!

“Mi gente me es útil no mientras sirve a la empresa desde mi departamento, sino mientras me sirve a mi.” ¡Cuántos directivos nunca dirían esto en público pero, de hecho piensan así y lo confirman con su manera de actuar!

Vivir el pudor y la discreción en el mundo empresarial es muy importante. No se debe abrir el corazón y exponer los sentimientos sin criterio. Mendigar comprensión emocional en el trabajo no es propio de personas adultas. No se puede subastar lo personal al mejor postor. Hay cosas que no se pueden vender nunca, porque ya han sido vendidas -lo fueron cuando nos comprometimos con nuestra pareja- y, por tanto, no nos pertenecen. Otras cosas deben permanecer veladas y desvelarse sólo en el ámbito adecuado. Que la secretaria sea su “confesor” emocional no es bueno. Sencillamente porque no es el ámbito. Le hace perder autoridad, prestigio y, como se descuide, hasta la mujer o el marido.  ejemplos concretos y personales son dolorosos.

Muchas veces hemos pensado que esa gente que va a la empresa ofreciendo sus sentimientos, son personas que quizás no se sienten valorados en casa, por su pareja o sus hijos. Esa necesidad de llenar el vasito de autoestima que tenemos todos, al no satisfacerla en casa, parece que la buscan, y en ocasiones con éxito, en la empresa. Esta forma de actuar es blanda e inmadura.

Y es que la prudencia es una virtud sabia. Esta virtud aconseja que con algunas personas, sobre todo con aquellas que puedan poner en peligro nuestra estabilidad profesional y no digamos la personal, con esas personas, solo se debe hablar de asuntos profesionales.

Foto vía: Victor1558 vía photopin cc

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