BAJEZA HUMANA

Ya hemos dicho que la vida profesional, como la vida en general, no es una línea recta horizontal: hay momentos de alza y de baja. Situaciones de triunfo y de fracaso. Hay veces que uno está arriba y otras veces está abajo. Hay que estar preparado para ello.

Es bueno también ser consciente de que si uno quiere ser un buen jefe, no tiene más camino que darse a su equipo. Entregarse a ellos. Enseñarles. Ser un desarrollador de personas. Abrirles puertas que para nosotros son fáciles de abrir y para las personas de nuestro equipo, en muchos casos, son imposibles. 

Si las cosas no se hacen así, lo sentimos, pero uno no está siendo un buen jefe. Está trabajando por ambición, a mayor gloria suya. Utiliza a su gente como eslabones para crecer ¡Para crecer él!

“Mi gente me es útil no mientras sirve a la empresa desde mi departamento, sino mientras me sirve a mi.” ¡Cuántos directivos nunca dirían esto en público pero, de hecho piensan así y lo confirman con su manera de actuar!

Para ser eficaz en una organización se debe trabajar con rectitud de intención. Esto es difícil y, en ocasiones, muy desagradecido.  La rectitud de intención en la empresa consiste en actuar siempre con justicia y nunca por motivos egoístas. Este comportamiento no siempre obtiene contrapartida. A veces, nuestra justicia con los demás no es recíproca. Hay que saberlo: a veces después de entregarte mucho a tu equipo, es posible que no te reconozcan nada.

Los ejemplos concretos y personales son dolorosos.

  • “Ese que recluté hace 5 años, cuando no sabía hacer la “O” con un canuto, y que he dejado en una buena situación profesional, ese mismo, ahora va diciendo por ahí, que he sido un obstáculo para su desarrollo profesional”, nos decía un directivo que había abandonado la empresa hace poco. 
  • “Aquella persona cuando empezó a trabajar conmigo era tan adulador que resultaba incluso un poco empalagoso porque estaba continuamente haciéndome la pelota. Ni siquiera podía confiar en él porque solo me decía lo que quería oír. De verdad, no sabía qué hacer con él y le he dedicado mucho tiempo. Esa misma persona, ahora no para de decir que siempre me dijo las cosas a la cara y que no le escuchaba porque me creía que lo sabía todo. De verdad, es increíble”, nos decía el ex-director general de una gran corporación. 

Seguro que quien lee ahora estas páginas podría poner más ejemplos similares…

De ahí la importancia que tiene la rectitud de intención y saber para qué trabajamos y para qué vivimos. Es importante plantearse si el trabajo es para nosotros primordial, independientemente de lo que la gente piense de nosotros o de que nos lo agradezca o no. Si trabajamos con rectitud de intención, todos estos comentarios nos pueden doler, pero no tendrán mucho valor. Seguramente nos sirvan para coger fuerza. Si hacíamos el trabajo por la importancia que nos daba y por el poder que teníamos; si lo hacíamos para ser cada vez más importantes, unos comentarios de ese tipo sí que pueden crear en nosotros un desasosiego, un resquemor y una sensación de rabia que nos dure mientras vivamos.

Además, y que nos perdone el lector, es un poco de tontos creerse que todos esos mimos y adulaciones de nuestra gente las recibíamos por nuestra valía personal. ¡Craso y vanidoso error! En muchos casos sólo lo hacían por nuestra posición en la compañía.  Esa forma de actuar demuestra la bajeza humana que, algunas veces, el hombre manifiesta.

Ahora tú te has ido, ha venido otro, y ya empiezan a hacerle la pelota.

Foto vía: jairoagua vía photopin cc

comments