APESTADOS

Ya se sabe que una empresa es un organismo vivo, que está en continuo movimiento y, por tanto, sometido a ciclos vitales. Los cambios forman parte de las etapas de una empresa que crece y se desarrolla. Hasta hace pocos años una etapa casi obligada de una empresa que apostaba por el futuro era la fusión. Una fusión puede ser un drama para muchas de las personas que pertenecen a las empresas fusionadas.

En una fusión siempre hay vencedores y vencidos. Siempre hay una empresa que gana y otra que pierde. Pero no tiene por qué coincidir el ganador a nivel de la corporación con el ganador a nivel de un país, de un departamento o incluso a nivel individual. En los dos bandos, en cada departamento de las dos empresas, siempre hay personas que ganan y personas que pierden. Así, tanto en la empresa ganadora como en la perdedora, hay personas que dominan y personas que son dominadas.

Después del proceso de fusión nos encontramos en la nueva empresa fusionada con empleados en distintas situaciones. Quizá la situación más complicada sea la de aquellos que han resultado perdedores a nivel organización y departamento. Desde ese momento, su  trabajo se les hace muy cuesta arriba y son personas que pueden llegar a desarrollar cierto complejo de culpa, por provenir de la empresa perdedora. El complejo a veces viene explicado porque se les trata peor, ya que se considera que su proyección en la empresa ha terminado.  Incluso de una forma delicada, o no tan delicada, se les está diciendo que se vayan. Las personas que se incorporan a la nueva empresa son mejor vistos que los que quedan de la “antigua perdedora”. Aunque estos últimos se hayan dejado la vida y los nuevos sean personas sin experiencia. No pensemos que eso ocurre solo a ciertos niveles más bajos de la organización. ¡Cuántas veces el mayor propiciador de una fusión es el primero que sale!

Al analizar una empresa fusionada, es fácil encontrar un ambiente enrarecido. La inseguridad y la desconfianza empiezan a campar por sus anchas a lo ancho y largo de la empresa. La cultura cambia. En algunos casos existe un cierto ambiente, que viene a decir más o menos: “Ahora estáis vosotros, pero ojala -antes o después- vengan uno de  los míos”.

De esa forma, personas que han ayudado de una manera evidente a hacer grande una empresa, son tenidos por unos apestados en la nueva organización, hasta el punto de que la gente evita decir su nombre o hablar de ellos como personas con futuro. Parece mentira, pero es así. Son auténticos Voldemort en las empresas: aquellos-que-no-deben-ser-nombrados. Son descalificados por los nuevos directivos de la organización y su nombre les hiere, sobre todo si han tenido roces con ellos.

La situación descrita es sólo una de las consecuencias negativas  que lleva consigo el difícil proceso de unir distintas culturas que en el fondo es lo más difícil de una fusión. Unir las contabilidades, el marketing, las compras, las operaciones, etc… son procesos costosos, incluso pueden ser dolorosos, pero son técnicamente posibles. Aunque en la realidad, después surgen muchas ineficiencias que nunca llegan a resolverse…En cambio, las culturas, las formas de hacer, lo que se considera bueno y malo en las organizaciones, el sistema informal, la seguridad que  tenían los empleados, lo valorados que estaban,… todo eso es muy difícil que vuelva a aparecer como antes. Y así, con ese nuevo funcionamiento, es muy posible que la empresa pierda atractivo para los empleados, con el peligro de que la gente se “instale” en el riguroso cumplimiento, hacer solo aquello que no ponga en peligro mi puesto de trabajo, de una forma cada vez más profunda y estable. Después los procesos que son técnicamente posibles se complican y los costes se elevan, ¿no estará el problema, una vez más, en las personas? Se puede decir, sin temor a equivocarse, que una fusión tiene un coste humano tremendo. Por una persona que “sale” con motivo de la fusión, hay muchos que se quedan y a los que, profesionalmente hablando, se les ha partido por la mitad.

¿Y los que se han ido? ¿Los que dieron parte de su vida por esa corporación? ¿Esos? Muchas veces son unos perdedores. Otros apestados. Nadie quiere aparecer, dentro de la nueva empresa, como amigo suyo. Ni siquiera los que les deben todo lo que son profesionalmente.

Los nuevos directivos tienen el reto de que esto no ocurra. De que las personas de esa nueva corporación olviden lo antes posible de dónde venía cada uno. Y para que eso ocurra, los primeros que tienen que olvidarlo son los directivos. Fundamentalmente siendo justos con las personas y honestos a la hora de tomar decisiones.

Foto vía: fotografia cole vía photopin cc

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