YO NO PUEDO VENDER ESTO

Todo lo que afecta al ser humano tiene que ser sometido a un orden. Para que la persona tenga paz interior -esa que todos luchamos por tener y que en muchos casos, es sinónimo de felicidad-, el ser humano tiene que tener un cierto orden interno.

Si ese orden no es respetado, llegará el desconcierto que nunca es buen compañero de viaje. Como decía aquel filósofo: “Ningún viento es favorable para el que no sabe a dónde va”. La falta de rumbo es una de las causas de que encontremos tantas vidas vacías, deambulando sin sentido y sin saber por qué hacen las cosas.

Quienes viven en el desconcierto son personas envasadas al vacío, en las que no hay hueco para los valores. Y así, tantas vidas vacías, que conviven con otras que están igualmente vacías, que intentan educar empresarialmente o personalmente y no saben más que hacerlo en el vacío. Esta situación no es nueva, ya decía Viktor Frankl que el 80% de los americanos no saben para qué viven. Esperemos que en los últimos años el porcentaje haya descendido. En cualquier caso, toda falta de sentido proviene de trastocar los valores y las creencias personales.

De estas cosas y de otras, hablábamos con un vendedor, amigo nuestro, cuando vino preocupado a plantearnos su situación. Estaba desconcertado, porque la empresa le había pedido que hiciera algo que iba en contra de ese orden de valores que él mantenía en su vida. Por una serie de circunstancias, nos decía: “Yo no sé si puedo vender eso”

Estas situaciones excepcionales se dan pocas veces en la vida profesional: quizá una, dos, o ninguna… Son situaciones en las que la compañía nos propone -a veces no es una propuesta, sino algo más imperativo- acciones que van contra nuestra conciencia. Puede que esas acciones respeten el código ético de la compañía o incluso las leyes de un país, pero nuestra conciencia nos dice que “no”

- Yo no sé si puedo vender eso, decía nuestro amigo. No sé. Estoy confuso. No sé que quiero hacer.

- ¿Cómo que no puedes venderlo? Claro que puedes. Igual que pueden venderlo el resto de tus compañeros. Sí puedes, quizá  lo que quieres decir es que no debes.

- Bueno, pues eso, no debo…

Este dilema, antes o después aparecerá en la vida del directivo. Son esos momentos especiales que se recordarán siempre. El consejo nítido es que nunca modifiquen su orden interno. Que nunca vayan en contra de su conciencia. Ir en contra de la conciencia, antes o después, destruirá su paz interior.

- Bueno, está claro que no debo vender aquello, seguía nuestro amigo después de un rato de conversación.

- ¿No debes o no quieres?, preguntamos esperando su respuesta.

- Bueno, evidentemente, no debo y, por tanto, no quiero, ¿qué más da? ¡Es todo lo mismo! El hecho es que no voy a venderlo y ahora tengo que ver cómo gestiono esta crisis, porque creo que no me van a entender en la empresa. 

Efectivamente: en estas situaciones hay que hablar con tranquilidad, serenidad y en el momento oportuno con los directivos de esa compañía. También con claridad pidiendo que se respete la conciencia personal, la objeción de conciencia. Ojo: lo más probable es que acepten nuestra petición. En el respeto a las creencias de los demás, nuestra sociedad ha avanzado mucho en los últimos años

En caso de que no fuera así, deben pedir un tiempo para dejar la compañía. Así de drástico. En circunstancias como éstas es donde se demuestran de verdad los valores

- Perfecto, buscaré el mejor momento para hablar con él. Ya os contaré cómo ha ido.

Nuestro amigo se despidió con las ideas claras: El podía vender ese producto exactamente igual que el resto de vendedores. Pensaba que en conciencia no debía hacerlo y había tomado la decisión: no lo iba a hacer. No quería hacerlo. Una vez más sus valores le habían sostenido en momentos de dificultad.

Sabemos que lo que estamos diciendo no es fácil y se trata de una situación muy extrema y excepcional que quizá nunca ocurra. Pero todo el que ha hecho cosas grandes en la vida, ha tenido que sobreponerse a situaciones duras.

A la larga siempre merece la pena hacerlo así.

¡Ah! y podrá uno seguir mirándose al espejo.

Foto vía: jazbeck vía photopin cc

comments