UNA DELICIA PARA LA EMPRESA: ESTAJANOVISMO

Una de las bicocas más deliciosas para cualquier departamento es que en puestos técnicos caigan lo que coloquialmente se llama estajanovistas, por supuesto en el sentido más noble de la palabra.  Son ese tipo de personas que, sin que nadie les diga nada, se exigen lo mismo o más de lo que el jefe les exigiría. No hay que seguirlos, no hay que vigilar nada, son responsables: ellos hacen su trabajo y se exigen por sí mismos.

Se trata de empleados que, por su formación, creen en el trabajo bien hecho y lo procuran vivir. De esta forma realizan un trabajo cuidadosamente acabado, hecho en su momento y habiéndole dedicado el tiempo necesario. En la mayoría de los casos son personas con más capacidad de trabajo y sacrificio, con más virtudes. Por eso es tan importante que en los procesos de selección se conozcan bien las virtudes de los candidatos. No es lo mismo que tengan unas virtudes que otras, independientemente de su preparación técnica.

En otras ocasiones, se trata de personas excesivamente perfeccionistas y con unos rasgos de carácter que podrían desembocar en algunas patologías. Su sistema nervioso les impide hacer las cosas de otra manera porque son esclavas de una personalidad híper-responsable. No hacen las cosas bien por virtud, sino por necesidad. Son muy eficaces desde el punto de vista técnico, pero poco pragmáticas en el trabajo en equipo. 

Desde el punto de vista técnico, no hay mucha diferencia entre las personas que trabajan bien por virtud y aquellas que lo hacen por necesidad: el resultado es un trabajo bien hecho. Sin embargo, generalmente en las relaciones sociales las características de unos y otros son distintas. En líneas generales, los virtuosos no tienen especiales problemas para relacionarse profesionalmente con otros compañeros de trabajo, mientras que los perfeccionistas encuentran más dificultades en la relación interpersonal y, para ellos, delegar o depender del trabajo de otros supone un auténtico tormento.

Unos y otros son muy buenos para las organizaciones, pero han de ser bien dirigidos. Como son personas que se exigen bastante -más que el resto-, han de ser dirigidos de una manera distinta a los demás. Son, generalmente, bastante sensibles y cuando se les exige lo que no pueden dar entran en un bloqueo personal, con un gran componente  emocional donde los sentimientos de incomprensión e injusticia afloran inmediatamente. Por eso, si se les trata de una forma no correcta, no justa, los perjuicios para el jefe son mayores que en otros casos, debido al prestigio que tienen como buenos profesionales.

La solución es fácil, pero hay que saberla: delicadeza a la hora de exigir; trato especial, distinto, porque son distintos; que se sientan comprendidos. Por eso, cuando en un plano general se hagan requerimientos exigentes, si se necesita aclararlos personalmente con ellos, convendría hacerlo así. Ya se sabe que en los requerimientos generales se pone la intensidad para que, los que no se enteran, se den por aludidos. Por desgracia, en la mayoría de los casos seguirán sin enterarse; en cambio, se corre el peligro de enfadar a aquellos que, con dos grados menos de intensidad en el discurso, se habrían enterado perfectamente.

Son una delicia, repetimos, pero hay que cuidarlos. Si los captara la competencia sería un fracaso para el director del departamento. ¡No podemos regalar las delicias al enemigo!

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