ESTAR EN LA REALIDAD Y LA EXPERIENCIA

El progreso en tantos campos que afectan al ser humano ha permitido que, en la sociedad actual, muchas personas tengan de modo continuado la posibilidad de escoger. Así, eligen cómo les gustaría vivir, eligen lo que a su juicio les conviene o lo que les gusta, y después querrían –les gustaría- que la vida real se acomodara a ese pensamiento. Además, esta forma de razonar, esta actitud vital, la llevan a todos los campos de su vida: a las relaciones de pareja, al trabajo, a las relaciones sociales, a las creencias, al ocio…

No es difícil encontrar personas que se han fabricado una ética, una religión o una relación de pareja “de supermercado”: “Esto lo cojo, esto lo dejo.” Estamos en una cultura donde, si nos descuidamos, hay tantas religiones como individuos: hechas al gusto de uno. Creemos que podemos hacer lo mismo en nuestras relaciones de pareja y en las relaciones profesionales: hacerlas “a la carta”. Nos inventamos cómo van a ser, cómo queremos que sean y a ese producto de la imaginación le damos criterio de veracidad. Lo que yo pienso es la verdad. Así: sin ningún espíritu crítico, sin una constatación con lo que sucede alrededor nuestro.

Creamos nuestras relaciones como nos gustarían que fueran y soñamos con su realización, sin ningún esfuerzo, sin lucha, sin que aparezca el dolor, ni siquiera el esfuerzo, por ninguna parte. Luego, viene la vida como es, y las cosas vienen como son. Todo muy alejado de nuestro sueño y ¡nos llevamos cada porrazo!

Y es que el hombre tiene, por lo menos, dos formas de enfrentarse la realidad. La primera, como ya hemos explicado, consiste en “crear” la verdad en nuestra cabeza. La segunda consiste en ver cómo son las cosas, cómo es el mundo, preguntarse por qué existe lo que existe y por qué pasa lo que pasa. Consiste en ver la realidad e intentar comprenderla. A partir de esta contemplación, surgirán preguntas y uno empezará, aunque no quiera, a conocer la realidad. Cuando uno se hace de verdad esas preguntas es más difícil escaparse. La huida no es cómoda. Es más difícil hacerse, por ejemplo, una “religión a la carta”. No olvidemos, ¡estas son las preguntas que llenan al hombre! Las que lo satisfacen, las que no lo engañan. 

En el terreno de las relaciones de pareja ocurre igual. Tanta gente va  al matrimonio felices, sin haber visto nunca ninguno feliz y, lógicamente, fracasan. Se han creado en la cabeza una historia de lo que va a ser su pareja y… luego viene la vida “con las rebajas”.

¿No sería mejor pararse? Ver qué ocurre, analizarlo, e intentar comprender el porqué de lo que está pasando. En definitiva, ¿no sería mejor conocer la realidad? Y, a partir de ese conocimiento, tomar decisiones para guiar mi vida sobre terreno firme. De esta manera se puede evitar, con más probabilidades de éxito, que me ocurra lo que le está sucediendo a mucha gente.

En definitiva, o uno piensa y quiere que la realidad sea como su pensamiento le dice, y toma decisiones de acuerdo con ese sueño; o bien, destierra esas quimeras y se esfuerza por ver la realidad como es. A partir de ahí, piensa, analiza y decide cuál es la forma de vida que uno debería llevar para  no ir contra-realidad. Se trata de afirmaciones evidentes. Es cierto: no tenemos más que echar una mirada a nuestro alrededor para darnos cuenta de la verdad de esta situación. Si cogemos, por ejemplo, la prensa del corazón podremos ver que hay mucha gente que vive de sueños que se van sucediendo. Y los fracasos se superan con un sueño más azul… y menos real…

¡Cuanta gente le llama querer a lo que no es amar y además cree que así va a ser feliz! ¿Por qué se confunde tan fácilmente el querer con el egoísmo? ¡Y todos cada vez más solos! Adultos, adolescentes, viejos y niños, y estos últimos por la incapacidad de saber querer de los anteriores. 

El ser humano tiene amores que se pueden mantener solos, como por ejemplo, el amor a los hijos; pero hay otra clase de amores que no se mantienen solos, que hay que alimentarlos o mueren. Entre ellos está el amor a la pareja y el amor al trabajo

Una mala concepción del amor a la pareja o al trabajo lleva al fracaso. Lo hemos visto en el caso del amor a la pareja, pero en el mundo del trabajo pasa algo similar. En este ámbito la experiencia personal puede servir para aprender y aplicarla al ámbito profesional. La experiencia es un arma poderosa que, si no está cegada por el orgullo, nos puede ahorrar mucho sufrimiento. Los ejemplos son tantos como individuos. En este caso, querido lector, preferimos que los pongas tú. 

Cuando de forma habitual hagamos el ejercicio de intentar comprender al ser humano como es; entonces, no lo dudes, dirigiremos mejor, porque  todos los de  tu equipo son seres humanos ¿Verdad?

Foto vía: Angelo González vía photopin cc

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