EMPLEABILIDAD

Aunque parezca mentira, ésta es una de las cuestiones que más preocupan a los directivos actualmente. Estar al día, ser empleables. Estar preparado para el futuro. De esta manera, si las cosas vienen mal, situación nada infrecuente, estoy en condiciones de encontrar pronto otro trabajo del mismo nivel y, por supuesto, con un sueldo y unos beneficios sociales parecidos.

¿Cuál es la forma más segura de asegurar la empleabilidad? Muy sencillo: mediante la formación.

Esta preocupación por ser empleable, y por tanto, por la formación profesional, está  adquiriendo, desde unos años a esta parte, un papel predominante en el mundo empresarial. Todavía muchos de los directivos que leen estas páginas, se acordaran de la famosa frase que se decía hace años, al terminar la carrera o el postgrado: “Ya he estudiado para toda la vida.” 

A pesar de ello, o quizás por esa creencia, la formación está, afortunadamente, cada vez más prestigiada. Existen, sin duda, varios factores que inciden en ello. Por una parte, la formación es absolutamente necesaria para encontrar el primer empleo. Por otra, con una buena formación, es mucho más fácil llegar a posiciones más preeminentes en las compañías. Para las empresas, es imprescindible vender una buena imagen presentando currículos brillantes de sus directivos. Por último, y es de lo que venimos hablando, la formación hace más realmente más útiles, más empleables a las personas. 

Sin embargo, también es cierto que, aunque en muchas ocasiones el postgrado sea una condición sine qua non para llegar a una posición alta en la empresa, una vez alcanzada la posición deseada, el interés por la formación disminuye llamativamente. Cuando empezaron a hacerse frecuentes los programas “in company”, no era raro oír decir a alguno de los asistentes, que quizás lo hacia de forma obligatoria: “Si yo quería el Master o el curso de Postgrado, para llegar a donde estoy. Una vez aquí, ¿para qué quiero estudiar este postgrado que me exigen?”

Dicho eso, en muchos casos, no hay que olvidar que el  prestigio de muchos directivos no viene por la formación que tienen. Está muy avalado por el de la empresa en la que trabajan. Mientras trabajan en una corporación son muy importantes o, al menos, eso creen.  Una vez que dejan la empresa la dificultad para realojarse es muy grande. Muchos de ellos son, sencillamente, unos parados. De todas formas la formación siempre ayuda a la empleabilidad de esa persona; sobretodo, si acompaña la edad.

Foto vía: Meyer Felix vía photopin cc

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