NOVIAZGO Y COMPROMISO

Una de las cosas importantes a descubrir en una relación es si realmente el otro está comprometido y hasta dónde.

El compromiso no viene solo: tiene su andadura.

Comienza cuando se constata la coherencia –en el decir y en el actuar- del otro. La vida misma va mostrando que su comportamiento está de acuerdo con lo que dice creer. Y este vínculo es especialmente fuerte en aquellos campos que más hondamente afectan al ser humano: el carácter y las creencias.

El tiempo demuestra que ese comportamiento responde a unos principios. Viendo su conducta en los momentos fáciles y difíciles de la vida, podemos ir adivinando sus valores. Detrás de su comportamiento se puede descubrir siempre un motivo profundo, que es el verdadero motor de su actuar.

Una persona coherente cada vez es más previsible para el otro y, por tanto, más fiable: alguien del que me puedo fiar y en quien confiar. Lo que dice me lo creo más que al principio, porque he visto su conducta, y concuerda con aquello que dice. Se merece mi confianza, se la ha ganado. He visto cómo es en el fondo, y me gusta que sea así.

Llegados a este punto, podríamos definir la confianza como la esperanza de que el comportamiento del otro sea como me ha ido manifestando con su conducta: un comportamiento bueno para nuestra relación. Pero también es el clima donde se aprende a querer: se quiere siempre en confianza.

La coherencia ha llevado a la confianza y ésta, con el tiempo, ha hecho que poco a poco surja el compromiso. Primero coherencia, después confianza y, por último, compromiso. Hemos recorrido un largo camino en el que el amor ha ido madurando y se ha hecho más resistente ante las frustraciones.

Frente a esta visión del amor y del compromiso, vemos que hay mucho “amor adolescente” que a la primera dificultad se rompe, que no sabe vivir contracorriente, contra sentimientos –cualidad que todo amor maduro requiere-; mucho amor que, en el fondo, carece de compromiso. No se está diciendo amores entre adolescentes, sino amores adolescentes. Actualmente se dan con frecuencia en personas de una cierta edad y son causa de mucho sufrimiento en la sociedad actual. Son amores en los que la transición de la coherencia a la confianza, y de ésta al compromiso, no se ha hecho de una manera paulatina, equilibrada.

Esta transición equilibrada no se hace con la madurez de la que venimos hablando cuando aparece el sexo en el noviazgo porque entonces, todo se desasosiega. Sirve más para avivar el apetito, que para saciar el hambre. El sexo tiende a ir ocupando todo el noviazgo. Se discute mucho por cuestiones relacionadas con el sexo. Discusiones que demuestran muy poca capacidad de frustración, o sea, muy poco compromiso. Falta de focalización en lo que de verdad importa en esa etapa.

Yo cada vez que he pedido sexo se me ha dado, me decía una persona de cierta edad después de un fuerte desencuentro con su mujer por cuestiones relacionadas con la sexualidad. Lo que me pasa, es que he estado mal acostumbrado desde el noviazgo y no estoy preparado, apostilló.


Amor adolescente en personas que deberían ser maduras. Su amor ha estado muy relacionado con los sentidos, y la capacidad de frustración -de sufrimiento por el otro- es muy débil, muy adolescente. Quizá mataron el matrimonio cuando se estaban conociendo. No siguieron los pasos que el noviazgo lleva consigo. Hay que madurar ese amor. ¡Se puede!

Para terminar, sólo un apunte sobre la relación entre compromiso y fidelidad. Hay que tener en cuenta que hay exceso de hombres y mujeres a nuestro alrededor plenamente dispuestos a no vivir los compromisos de pareja. Eso hay que saberlo para poner remedio. Como también hay que saber que algunas veces la fidelidad puede hacer sufrir. Mayor motivo para comprobar el compromiso del otro.

Viendo la capacidad de sufrimiento que hay en la sociedad por cuestiones de amores, habrá que amarrar. Se tendrán que poner los medios. Parece que sólo se cuida la salud y el dinero, en el amor no se prevé. Las consecuencias están a la vista.

Foto vía: plindberg via photopin cc

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