¿SIGO SIENDO EL MISMO?

Espontaneidad y naturalidad son dos valores en alza en nuestra sociedad. El consenso social los considera manifestaciones de autenticidad, incluso se piensa que son virtudes propias de personas realmente honestas y honradas porque se portan como son, como “les sale” sin artificios, sin forzar, sin hacer teatro: espontáneos, naturales, auténticos. Sin duda, se trata de una argumentación atractiva, pero con muchas trampas que no entraremos ahora a valorar. Simplemente diremos que ese comportamiento no es prudente ni adecuado en algunos ámbitos. Particularmente, en el ámbito empresarial es especialmente peligroso comportarse con esa espontaneidad e, incluso, puede llegar a ser ridículo.

Todos los empleados -directivos o no- deben procurar adecuar su comportamiento a la posición que ocupan dentro de la empresa. Evidentemente no se trata de cambiar de carácter cada vez que se cambie de posición en la compañía. A veces sucede que cuando promocionan a alguien a puestos directivos, la persona no es capaz de moverse con soltura con sus nuevos cometidos, el nuevo directivo nota sobre sus hombros el peso de la responsabilidad. Se nota que siente la tensión de modo continuado y no es capaz de deshacerse de ella, de manera que, su comportamiento se ve profundamente alterado y los compañeros de trabajo no reconocen en él a la persona con la que trabajaban antes. Es normal que al principio pasen estas cosas y el tiempo dirá si se acertó o no con la decisión. Además, es cierto que al cambiar de posición, todo el mundo, se quiera o no, mirará al nuevo directivo con otros ojos

También puede ocurrir el efecto contrario, que es más frecuente y pernicioso. Este defecto consiste en pensar que ellos, una vez asumida su nueva posición, no han cambiado y que los demás les ven como les han visto siempre. No es verdad: ahora de él dependen, de alguna forma, la continuidad en el puesto de trabajo, la carrera profesional y el bienestar económico de todos los que le reportan. Como es lógico no le pueden ver de la misma manera. Antes no ocurría esto. Además, al empezar a hacer cosas y tomar decisiones que no va a poder compartir con sus antiguos compañeros, aumentará ese distanciamiento. ¿Cómo le van a ver igual?. 

Pero hay que decir más. Además de no verlo igual, se van a estar fijando en él, va a ser una pauta de conducta y de seguridad profesional. Empezarán a observarlo, a mirar como hace las cosas. Un directivo que no se dé cuenta de que está siendo observado continuamente… está en la luna.

Se debe sentir siempre mirado y, por tanto, comportarse como si su posición en la compañía no hubiera variado es, sencillamente, un error de principiante. Igual que en un padre la sensación de que está siendo mirado es buena, porque su conducta será siempre educativa y, si actúa adecuadamente, estará educando a sus hijos; de la misma manera, el directivo que actúa con conciencia de lo que es, siempre estará lanzando mensajes positivos a la organización. El sentirse mirado, saberlo, y actuar en consecuencia, es parte de lo que debe de hacer a la hora de formar y dirigir personas.

Foto vía: Victor1558 vía photopin cc

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