DE PROMETEDORA PROMESA A…

La típica gráfica donde se estudia la vida de una empresa tiene una forma que representa más o menos el perfil de una ballena. Al principio, en la parte de la cola, la empresa es pequeña, después viene la zona de crecimiento y consolidación, que se correspondería con el tronco y el cuerpo de la ballena, y, por último, una zona de expansión, donde la gráfica permanece abierta para representar un futuro incierto: la empresa puede multiplicarse y seguir creciendo o la empresa puede empezar a morir y entonces la línea empezaría a decaer. Esto es lo que dice la teoría y es útil sólo hasta cierto punto porque la realidad es mucho más rica de lo que pueda representar una gráfica.

Como todo el mundo sabe, la vida de las empresas es muy impredecible. En ocasiones va muy lenta y otras veces va muy rápida y sufre muchos bandazos. Estas variaciones pueden terminar desconcertando a las personas desde el punto de vista personal, y como  no, en el profesional. 

Las empresas de grandes dimensiones suelen tener un pool de gente donde se depositan las esperanzas venideras. La vida futura de la empresa y su desarrollo dependen de las personas que pertenecen a ese grupo. Lo habitual es que ese grupo reciba alguna formación especifica, con lo cual, se quiera o no, esa gente tiene la sensación de ser los elegidos del futuro. La edad de esas personas se sitúa entre los veintiocho y los cuarenta años, aunque también existen personas pertenecen a ese conjunto de futuras promesas con edades muy superiores. Aunque no se diga abiertamente es un tema motivacional. 

De repente, pueden llegar los bandazos. Con motivo, por ejemplo, de un cambio en la dirección de la empresa a nivel local o general, o incluso con motivo de un cambio de director de RRHH, todos estos planes futuros de sucesión se replantean. En estas situaciones, algunos de los más perjudicados suelen ser precisamente aquellos que tienen una edad mayor de lo que les correspondería para ser personas con futuro

De la noche a la mañana todo cambia. Se producen entonces situaciones desgarradoras y el desengaño se hace presa de muchos que no lo esperaban. Otro bofetón de realidad. Con frecuencia se da la siguiente paradoja: personas con edades cercanas a los cincuenta que pasan, en un periodo de tiempo muy corto de tiempo, o incluso directamente, del grupo de promesas al grupo de prejubilables o al grupo de las personas que van a salir en breve con indemnización. Así, de la noche a la mañana, empiezan a engrosar las filas de aquellos con los que la empresa va contando cada vez menos. Su importancia se derrumba y su proyección se esfuma. Ellos no han cometido ningún error, simplemente las circunstancias han venido dadas de esa manera.

El choque a nivel personal es tremendo. Uno pasa de ser importante a sobrar. Las roturas personales y los replanteamientos vitales son tremendos. Es como si se pasara, repentinamente, de ser padre de niños pequeños a abuelo. De ser joven a ser viejo. De ser el futuro a ser el pasado.

¿Y qué se puede hacer para evitarlo? Nada

En estos casos, lo único que se puede hacer es estar lo mejor preparado para sobrellevar esta nueva situación con gallardía, honradez y dignidad. Como se viene diciendo, de una manera concreta unas veces y quedando en el trasfondo otras, uno de los valores añadidos que debe tener todo directivo, todo hombre que dirige personas, es la lucha personal por conocerse a sí mismo. El conocimiento propio lleva a un mejor conocimiento de todo lo que le rodea. Ese conocimiento servirá para comprender que el trabajador no es un puesto de trabajo, no es un director. Fundamentalmente es una persona. Lo primero es transitorio, lo segundo, no. Es una manifestación de madurez no confundir jamás el cargo que se desempeña, con la identidad como persona.

Con este conocimiento personal y del entorno, estas crisis profesionales-vitales, se llevarán mucho mejor. Con más realismo. Esta actitud ayudará a paliar, al menos un poco, las contradicciones empresariales.

Foto vía: Cedim News vía photopin cc

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