LA ARBITRARIEDAD Y LA DIRECCIÓN DE PERSONAS

Decíamos que dirigir personas es el arte de administrar el talento ajeno. También hemos hablado de que dirigir es educar a una persona en lo profesional.

¿Qué es educar a una persona? Esta pregunta, que a priori todo el mundo debería responder con facilidad, para algunas personas es un problema: no saben qué contestar.  He aquí el ejemplo que le sucedió a un amigo.

-¿Cuándo nace el niño?, preguntó a una embarazada.

-El mes que viene, respondió.

-¿Cómo lo vais a educar?, prosiguió.

-¡Qué preguntas más raras haces!, dijo.

¿Realmente es una pregunta rara el preguntar cómo se va a educar a un niño, a un hijo?

Lo mismo pasaría con muchos jefes: si les preguntas cómo van a dirigir -educar en lo profesional- a su equipo, no sabrían qué contestarte. Además, te dirían que haces preguntas muy raras.

La mayor dificultad, a la hora de educar, es que el educador no se conozca a sí mismo: que no sepa los valores, virtudes y defectos que tiene y de los que carece. Otra dificultad no pequeña es que no se quiera formar: nadie da lo que no tiene

Generalmente, uno cree que tiene muchos valores y pocos defectos y que estos últimos son poco importantes. En la dirección de personas ocurre lo mismo: el jefe se cree muy valioso, con muchas virtudes profesionales y personales, porque no hay valores profesionales que no estén sustentados en los personales. Una persona no puede ser leal con sus colaboradores, si no lo es en su vida personal porque el trabajo forma parte de su vida. Decíamos que el jefe se cree con muchas virtudes profesionales y con pocas carencias. En el fondo, muchos, se creen que saben todo lo necesario para desempeñar correctamente su trabajo, que tienen poco que aprender. Son personas que no se conocen y que no conocen a su equipo.

Por eso, si a una persona así, le preguntáramos: 

-  ¿Cómo vas a dirigir a tu gente?

Lo más probable es que pensara de manera parecida a aquella embarazada.

-  ¡Qué pregunta más rara! Este, ¿qué dice?

Cuando no sabemos cómo vamos a dirigir a nuestra gente, y es muy frecuente, no debemos de olvidar que estamos dirigiendo en la arbitrariedad. El criterio será una montaña rusa: los sentimientos. Y dirigiremos según el estado de ánimo de cada momento, según lo que nos pida el cuerpo. Para no caer en la arbitrariedad hay que tener pensado el modo de dirigir, hay que conocerse, hay que pararse…

No nos debe extrañar que esto nos suceda. Probablemente nos pase algo similar con nuestros hijos y les queremos más que a las personas de nuestro equipo. Es lógico: si no tenemos proyecto educativo en lo personal, lo más probable es que tampoco tengamos un proyecto directivo en lo profesional. Aunque parezca que no tienen nada que ver.

Cuando se dirige según el estado de ánimo, lo que censuramos por la tarde, lo aplaudimos por la mañana, y al revés. Volvemos loco a todo el mundo. Se genera inseguridad y desconfianza: nadie puede prever nuestro comportamiento. En el fondo, se trata de una falta de madurez personal que también tiene sus manifestaciones en la empresa.

Cuando se dirige según un proyecto directivo, la gente de nuestro equipo se siente más segura. En caso de que se equivoque cuando toma decisiones, sabe a lo que se expone. Sabe cuál es su límite de decisiones y dónde tiene que empezar a preguntar. Conoce el criterio: será así, vengan bien o mal dadas, mientras no se cambie de criterio.

Estar fuera de la arbitrariedad, permite realizar planes a medio y a largo plazo. Capacita a la dirección para separarse un poco del cortísimo plazo en el que están metidas muchas empresas. De la misma manera que educar en el cortísimo plazo es imposible, también lo es dirigir. 

Aunque las empresas estén fijas en el hoy, yo como director de personas, tengo que tener la mirada puesta más allá. Se puede. Sólo deja de poder el que, por ineptitud, miedo, desesperanza o atolondramiento, dice que no puede. Como el hombre ante lo imposible no hace esfuerzos, ni siquiera lo intentamos. Y ese “no puedo” lo convertimos en  realidad. 

Marcarse objetivos y planificarlos es muy eficaz para evitar la arbitrariedad. Siempre con claridad y transparencia. Un modo para comprometerse más con esos objetivos es comunicarlos. Cuando uno dice lo que quiere hacer, es más fácil que lo cumpla que si no lo dijera, porque de alguna manera se obliga ante terceros. 

Y , ¿cómo vas a educar- perdón, dirigir- a tu gente?

 
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