ENFERMEDAD DE LOS EMPLEADOS

Muchas veces el tratamiento que da la compañía al personal que está enfermo define el nivel de implicación que tiene con sus empleados. No se trata de que cada empresa se convierta en una O.N.G., pero es un buen indicador. Se trata simplemente, una vez más, de ser coherentes con lo que decimos. Estamos pidiendo de una manera continuada implicación de las personas con la empresa y ésta, cuando el empleado lo necesita, también deberá demostrar implicación.

Ya se sabe que con esto de las bajas laborales hay muchas personas que engañan a las empresas, algunas veces hasta extremos insospechados. Empleados que están de baja y, en realidad, lo que están haciendo es preparar el traslado, o incluso trabajar ya para otra compañía. Son riesgos que tenemos que recorrer si queremos ser justos. Existen casos famosos donde la ingeniosidad del empleado supera los límites de la  normalidad para mentir a la empresa con una agudeza encomiable. No los describiremos porque son al fin y al cabo tristes historias. A personajes similares, que son pocos -muy pocos-, hay que destaparlos y que la justicia diga lo que tenga que decir. Actuar así, da seguridad al resto del personal. Vivir la justicia siempre genera confianza entre los mejores. 

Pero también hay que reconocer que, en ocasiones a personas que han sido buenos trabajadores y que han caído enfermos, se les empieza a tratar de una manera, por lo menos, desconsiderada. Si una persona ha sido un buen trabajador, no hay que pensar que de la noche a la mañana ha pasado a ser un irresponsable. La sospecha en ese momento sería sospechar de toda su vida profesional anterior y éste es un mensaje fulminante para la persona que está enferma. Si era responsable, lo seguirá siendo; por tanto, es muy posible que esté preocupado por su baja, sobre todo si ésta se alarga. Y estará mucho más preocupado –y por tanto necesitará más apoyo- si lo que tiene es una enfermedad psiquiátrica cuya duración siempre es incierta.

¿Por qué esa manía de algunas empresas de no tranquilizar? ¿Por qué no decir: “No pasa nada, cúrate que no vas a perder tu trabajo”? ¿Por qué tiene que ser mejor que las personas, además de estar enfermas estén fastidiadas, inquietas? 

Pensar que cuando un trabajador enferma, pasa inmediatamente a ser un aprovechado y un “golfo en potencia”, demuestra el bajo concepto que se tiene del ser humano. No se debe pensar que decirle a una persona enferma que esté tranquila, que no se preocupe y que se cure, puede tener como consecuencia la falta de ética del enfermo. Quien así piense manifestaría muy poca categoría humana, una inseguridad personal grande y seguramente falta de ética personal: es un juicio que a veces proyecta el comportamiento personal en otras personas.

Además no quepa la menor duda que ese comportamiento lo está viendo toda la empresa. Estamos comunicando, transmitiendo mensajes de verdad, cuyo impacto es muy superior a lo que diga la intranet o el departamento de RRHH. Toda la empresa ha oído el mensaje e inmediatamente se pondrá a favor del enfermo: “Mucho compromiso, pero a la hora de la verdad, ¿que?”

No digamos que lo contrario es ser ingenuo. Ya se ha dicho que cuando uno la hace, la paga. Pero poner como excusa la ingenuidad, para faltar a la justicia y a la confianza con las personas no es noble ni genera credibilidad. Al contrario: la próxima vez que los trabajadores se sientan exigidos en su compromiso, se acordarán del trato que la empresa da a los buenos trabajadores que enferman. Y actuarán en consecuencia. 

Y no olvidemos que, al final, las empresas son personas.

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