NO HAY QUE INTENTAR CONVENCERLO

Con toda la buena intención del mundo hay directivos que, cuando dedican tiempo a su equipo, se centran en aquellas personas que peor funcionan. Dedicando poco tiempo, en términos absolutos y relativos, a aquellos miembros del equipo que están realizando adecuadamente sus funciones.

También sucede que esos mismos directivos, cuando son preguntados acerca de la valía de los miembros de su equipo comienzan la contestación explicando cómo son las personas que peor trabajan, que más dificultades añaden al equipo y que aportan menos. Eso indica que están más pendientes de lo negativo que de lo positivo. Se podrá argumentar que es lo normal, que es lo propio cuando se tiende a la excelencia. Para hacer las cosas mejor hay que estar pendiente de lo que no funciona para que, antes o después, empiece a hacerlo y de esa forma el equipo mejore. El razonamiento parece lógico. Hasta cierto punto es totalmente válido, pero existe un peligro en el que muchos directivos pueden caer sin darse cuenta.

¿Cual es el mensaje que se le está mandando al equipo?

Quizás el directivo que se comporta de esta manera, piense que se está lanzando un mensaje claro de que valora la exigencia y el trabajo bien hecho. Pero lo que entiende la gente, lo que mucha gente puede percibir, lo que nos dice la experiencia, es otra cosa. Todo el mundo quiere que se le preste atención, todos queremos que nos formen, que nos dediquen tiempo para aprender. Si dedicamos más atención al que peor lo hace, aunque sea para reprender o para corregir, podemos herir la autoestima de quienes lo hacen bien. Todo el mundo quiere ser tenido en cuenta, no pasar desapercibido. No sería la primera vez que el que está trabajando bien, se “esté matando a trabajar” y no haya reconocimiento, porque todo su esfuerzo se considere normal. De tanto estar pendiente del que se equivoca podemos no valorar adecuadamente el esfuerzo del día a día y la constancia del resto del equipo. Insistimos: con muy buenas intenciones y aunque no sea consciente, lo que le preocupa al directivo no es atender a los que están sosteniendo el equipo, sino corregir y enseñar al que puede dar más. Y al que ya da más, a ése, muchas veces, ni caso. Y además se justifican diciendo que es una manera eficaz de promover la excelencia. ¿Seguro?

Todo el mundo quiere destacar, nadie va por la vida de perdedor, por eso es tan difícil, encontrar buenos “segundos” para las empresas. Existen dos formas básicas de destacar: Trabajando bien o “dando guerra”. Si no dejamos a la gente destacar por lo positivo, muchos de ellos terminarán haciéndolo por lo negativo. ¿Se entiende?

Y es que pensar sólo en los que lo hacen mal, en muchas ocasiones, es intentar convencer a aquél que no quiere convencerse.

comments