DIRIGIR, DAR UNA BECA O LA INEFICACIA

Muchos directivos piensan honradamente que son unos jefes estupendos y que saben cuidar de su gente, sacando los objetivos del departamento adelante. Al preguntar a sus colaboradores te das cuenta de que la percepción es muy distinta y, en realidad, algunos de esos directivos no saben cómo se gobierna un grupo de personas. ¿Alguien ha conocido a muchos jefes que digan de sí mismos que son unos malos jefes?

Generalmente, la forma de nombrar jefes se hace en función de las capacidades técnicas de la persona. Un gran vendedor, por ejemplo, es posible que sea el primer candidato para el puesto de jefe de ventas, y en caso de que quede libre el puesto se lo ofrecerán a él. Resultado: se ha perdido un buen vendedor y como jefe es una incógnita. ¿Cuántos buenos futbolistas han llegado a ser unos buenos entrenadores? A veces surgen Guardiolas, pero no es lo común. Ser buen futbolista, no garantiza ser buen entrenador. Como en el mundo directivo, es una incógnita.

Pero además, esas personas que han sido puestas en esa posición por sus condiciones técnicas, en muchas ocasiones no sienten la necesidad de preparase como jefes, de aprender la ciencia de la Dirección de Personas. Esa conducta puede demostrar un gran complejo de inferioridad que conducirá a la ineficacia a la hora de dirigir personas.

Todo aquello que uno quiere demostrarse como persona, todos los complejos que uno padece, todas las fallas o carencias que uno tiene en su personalidad saldrán, antes o después, en su estilo de dirección. Es una de las causas de que nos encontremos con jefes que tienen la necesidad -nunca lo admitirán- de demostrar continuamente a su gente que ellos valen, que son capaces. Son personas que con frecuencia tienen el equipo dividido porque no saben dirigir personas de más calidad humana que ellos e intentan aplicar el estilo de “dirección por la culpa”. Así, nos encontramos equipos en los que, por una parte, se encuentran aquellos con los que el jefe “puede” y por otra, los demás, con los que el jefe “no puede”. A estos últimos, que son los que de verdad dirigen el equipo, no les exige porque no puede y como se dice vulgarmente “les hace la pelota”. Lógico, porque además de no poder con ellos, el directivo se da cuenta de que estas personas le están manteniendo a él en su posición de directivo. En esta coyuntura, ¿qué otra cosa puede hacer?

Con los primeros, con los que "puede”, tiene que demostrar que es jefe, y para ello les pide lo que pueden dar y lo que no pueden dar. Les exige hasta la ineficacia y, en muchos casos, hasta la enfermedad. No tendrá mucho interés por enseñarles, entre otras cosas porque si lo hace, puede colocarlos en el grupo de los que “no puede”.

Los directivos en esta complicada situación tienen una preocupación primordial: mantener su importancia y su posición. Y para ello, han de conseguir los objetivos al coste que sea. Así no peligrará su posición. Resulta claro que, de esta manera, está haciendo ineficaz a su equipo: con los que “no puede” a base de no exigirles, no les mejora y acaban dando menos de lo que podrían dar, es como si les hubiera dado una beca. A los otros, aquellos con los que “puede”, exigiéndoles sin ton ni son, que es una buena forma de quemarles.

¿Para sus jefes? Es posible que, si cumple objetivos, será considerado un buen jefe. ¿Qué más da cómo lo haga?

¡El dinero que se pierde en las empresas por no seleccionar adecuadamente a los que van a dirigir personas!

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