ESTO LO LLEVO CON LA MANO IZQUIERDA

Uno de los grandes peligros que tiene la permanencia en un cargo -los que saben del asunto dicen que más de 7 años es peligroso- es el acostumbramiento, es decir, que el directivo acabe habituándose a todo lo que realiza. Así como el Rey Midas todo lo convertía en oro, el hombre tiene el peligro de convertir en rutinario todo lo que toca, hasta lo más sublime.

Nos da miedo cuando algún Presidente o Consejero Delegado dice que su trabajo lo lleva sin especial esfuerzo, con la mano izquierda. Esa aparente facilidad puede ser un síntoma de dejadez, puede constituir un punto de inflexión -existe amplia experiencia al respecto- hacia la falta de eficacia. Siempre este comentario lo hemos oído en trabajadores por cuenta ajena. Nunca lo hemos oído en personas que estén en una empresa suya, arriesgando su dinero. Sin duda, dato elocuente, ¿no?

En cualquier faceta de la vida, cuando alguien piensa que las cosas “van solas”, hay que echarse a temblar: quizás sea ése sea el síntoma evidente de que están empezando a “no ir solas”. Un matrimonio o la educación de los hijos nunca van solos ¿Por qué va a suceder en una empresa? Generalmente, una declaración de ese estilo tiene mucho de vanidad, es como decir: “Fíjate lo que valgo”.

Lo negativo es cuando en la práctica se actúa como si las cosas realmente funcionaran solas. Entonces empieza uno a preocuparse más por cosas que rodean al negocio, que por el core business. Interesa hacer lobby, salir en la prensa, ser importante, no se aceptan correcciones, cada vez preocupa más la propia grandeza como directivo. Y después de tanta parafernalia, como otras veces, bofetón de realidad: en muchos casos una prejubilación, o incluso un despido, es el final glorioso de este “llevar la empresa con la mano izquierda” que no era sino un síntoma de aburrimiento y rutina empresarial, quizás por llevar mucho tiempo en la misma posición. Aunque bien es cierto que sería mucho peor que fuera síntoma de tedio vital y falta de sentido de la vida, lamentablemente no tan infrecuente.

¿Y qué le dirán los consejeros y demás personas que rodean al Presidente o Consejero Delegado que lleva la empresa con la mano izquierda? No le dirán nada. ¿Por qué?

Por una parte, porque ellos se sentirán más cómodos en la empresa: menos exigidos y con más poder. Por otra, porque, como hemos visto anteriormente, a las personas que mandan sólo se les dice lo que quieren oír. Es muy difícil que alguien ponga en peligro su posición en una compañía por decirle cosas desagradables al Presidente. ¿Qué necesidad hay?

Entre unas cosas y otras, los perjudicados son los que llevan el día a día de la empresa. A veces, cuando no se alcanza el crecimiento previsto, la solución de estas personas confiadas, es reducir el personal. Finalmente saldrán perjudicados los accionistas, que exigirán que se tomen medidas… Y el afamado alto directivo, saldrá, antes o después, por la puerta de atrás. Con la mano izquierda cansada, de tanto manejar la empresa.

El exceso de confianza es uno de los caminos que más directamente llevan al fracaso.

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