EMPRESA Y FAMILIA

Si siempre es importante la relación entre la familia y la empresa para la estabilidad del empleado, en el caso de las empresas familiares esta relación, mucho más sutil y sensible, es absolutamente clave para el éxito del negocio y la estabilidad familiar.

Es llamativo comprobar el alto porcentaje empresas familiares que componen el tejido empresarial en muchos países. Por eso no podemos obviar esta realidad tan presente en la vida de muchos directivos. Evidentemente la empresa familiar tiene muchas características propias que son muy positivas para el negocio. Por ejemplo, los líderes o dueños no necesitan -al contrario de lo que sucede en muchas organizaciones- ser motivados: ellos mismos se ponen los objetivos más exigentes y harán todo lo posible por cumplirlos. La tacañería no existe y la exigencia es siempre máxima. No hay que convencer a nadie: a todos les va la vida en el negocio. No hay que implicar a nadie: todos son arte y parte. ¿No se trata acaso de la manera ideal de dirigir una empresa? 

No está de más reflexionar sobre el hecho de que en una corporación no familiar todo el mundo tenga unos objetivos. Se podría decir que constituye una manifestación de que el empleado necesita una motivación externa para conseguir dar un poco más de lo que daría sin esos objetivos y al mismo tiempo se trata de una herramienta que la empresa utiliza para asegurarse de que se alcanzan unos mínimos. Pero, ¿y todo el tiempo y dinero que se pierde para fijarlos, evaluarlos y premiarlos? ¿No sería más eficaz que la empresa se asegurara que se alcanzan los objetivos máximos posibles? ¿Y cómo conseguir esto de una manera natural y continuada? 

Esto es lo que sucede habitualmente de modo espontáneo en la empresa familiar. Estrategia perfecta. Lógicamente no todo es tan blanco ni tan negro. Nadie puede negar que el planteamiento parece más prometedor para la empresa familiar. Y la culpa de todo la tiene la motivación; o mejor dicho, la falta de necesidad de motivación. Desvivirse genera ilusión y en la empresa familiar es más facil. Todo parece un cuadro luminoso. Pero también hay oscuridades.

Aunque la profesionalización de la empresa familiar es un hecho cada vez más abundante en el panorama empresarial actual, todavía falta mucha objetividad a la hora de nombrar los directivos. Y este es la primera oscuridad que encontramos. La falta de criterios profesionales para nombrar a los jefes y directivos de estas organizaciones traen consigo muchos quebraderos de cabeza que son capaces de destrozar la ilusión. Son nombrados por parentesco, por pertenecer a una familia  u otra o por cuestiones de confianza y se realizan excepciones en los protocolos familiares siempre que se piensa que es conveniente. Si siempre es importante el pasado -el histórico- para entender una corporación, en el caso de las empresas familiares lo es mucho más.

Por otra parte, hay que tener muy en cuenta la influencia, en muchos casos decisiva, que las familias políticas ejercen sobre la corporación. ¿Hasta dónde pueden influir? Hasta el infinito y más allá. No es aventurado pensar que las mujeres o los maridos tendrán en la corporación la misma influencia que tengan con su cónyuge. 

Pero hay más puntos negros en el cuadro: los problemas de convivencia familiares pueden aparecer en la empresa. Es muy difícil, evitar las comparaciones, las rencillas y las envidias. Habrá miembros de los socios fundadores que sepan mantener a raya, en el campo profesional, a la pareja y otros quizás no. Siempre, con el paso del tiempo, hay gente -bien porque es más lista, bien porque han trabajado más o bien porque han tomado más y mejores decisiones- que acaban mandando más. Como sabemos, el mando no sólo lo da la posición en la compañía, sino la capacidad de liderazgo con los empleados. Para los problemas de más calado siempre se pregunta a la misma persona. Y esto crea más rencillas y envidias…y empieza de nuevo el agujero oscuro…

Con el tiempo hay que ir colocando a los hijos de uno o de otro. Paso que puede ser también preámbulo de conflicto. No todos tienen el mismo número de hijos, ni todos los hijos están igual de capacitados. Pero, ¿a ver quién lo reconoce?

Como se ve los campos de conflicto son numerosos y sólo hemos apuntado algunos de los más comunes. A veces no son superados y la empresa quiebra, no puede seguir adelante. En otras ocasiones la empresa supera todas las dificultades y compite en el mercado con un tesón y fortaleza envidiables: existen ejemplos abundantes en muchos países. Otras veces, uno de los hermanos tiene que vender, para evitar conflictos. Y, en muchos casos, la familia rompe o se deterioran las relaciones.

Y así, el cuadro se va componiendo a base de luces y sombras.

Para afrontar estas situaciones, sólo daremos un consejo: poner cuanto antes la dirección de la empresa en manos de profesionales de la dirección (sean miembros familiares o no). Así, por lo menos nos aseguramos que las decisiones se tomen con criterios estrictamente empresariales, y que no entren, ni de lejos, motivos familiares y, mucho menos, sentimentales. Para actuar así hay que tener mucha categoría humana, cosa que todo el mundo cree que tiene, pero cuando hay que demostrarlo se ven carencias. A veces es la manera de que la empresa siga adelante y, por otra parte, no se pierda el patrimonio familiar.

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