OJO CON LAS CREENCIAS

Automotivacion

En las empresas cada vez se respeta más a la intimidad de las personas y su vida privada. Por lo menos en la mayoría de ellas se tiene la intención de hacerlo y los legisladores están siendo más cuidadosos para que la persona no sea maltratada en el ámbito de lo profesional, ni de lo personal. Es un avance.

Eso no quita para que uno de los aspectos peor tratados en la sociedad en la que vivimos sea el del respeto a la persona cuando ésta se aparta de lo políticamente correcto. Detrás del slogan que fomenta la diversidad, existe un auténtico sectarismo disfrazado de tolerancia. Es bueno reflexionar algo sobre esta circunstancia porque hace mucho daño a las personas y, por tanto, a las corporaciones.

Nos estamos refiriendo en concreto a la presión que se ejerce sobre muchas personas por su manera de vivir o por sus creencias. Así, por ejemplo, una persona que trabaje en una compañía, y tenga más hijos de lo que dice la moda, puede ser atacada de una manera continuada por los que le rodean.

-Lo más duro de tener cinco hijos es el latazo que te dan los vecinos, decía un alto directivo conocido nuestro. 

Y no lo decía en broma: lo decía totalmente en serio.

-Yo creo que adoptan esa actitud para auto justificarse, proseguía.

-¿A qué te refieres?, le preguntaron.

-Es una manera de justificar actitudes personales y ser coherentes con un comportamiento del que, según parece, se han arrepentido en  un momento que ya no tenía solución. 

Lógicamente, por su alta posición dentro de la empresa, nuestro amigo no era increpado por ningún miembro de su equipo ni del resto del equipo directivo. A esa persona eran los vecinos quienes le daban la lata, a los que veía de tarde en tarde.  

Pero, ¿y si estuviera en la mitad de la escala de mando?

Otro gallo cantaría… Para empezar, a los compañeros de trabajo y a su jefe no los ve de tarde en tarde, sino diariamente. Se hace muy difícil seguir las indicaciones de un jefe cuando se está tomando a broma tu vida personal o tus creencias. Somos, o intentamos ser, muy respetuosos con algunas cosas y no nos damos cuenta de lo que podemos estar haciendo en otras. Cuando uno no tiene creencias, es difícil que sepa valorar la importancia que éstas tienen para otras personas. Son la guía de su vida, lo que les hace vivir de una determinada manera. El hecho de ridiculizar las creencias o una determinada forma de vida, hace que el empleado ridiculizado se sitúe de una manera natural a la contra y, lógicamente, la obediencia se resiente. 

Un jefe nunca debe olvidar que todo aquello que le haga perder autoridad ante su gente debe evitarlo. No respetar y hacer respetar -hasta donde él pueda- las creencias de los demás es una manera muy eficaz de perder autoridad. Mientras tanto, la eficacia de la organización se resiente.

Si no nos comportamos así, podríamos -aún sin quererlo- estar decidiendo cuáles deben ser las creencias adecuadas de nuestro equipo y cuáles no lo son. Emplear nuestra autoridad en un ámbito que no debemos hace que, poco a poco, vayamos instaurando -aún sin ser conscientes- una auténtica dictadura en nuestro equipo. Aunque luego apliquemos esa dictadura disfrazada con “guante de democracia”..

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