UNA PROPUESTA IMPACTANTE

Ocurrió no hace mucho. Estábamos en un curso para Directores de Recursos Humanos y en un momento de la reunión, la discusión se centró sobre la justicia o injusticia de algunos  de los despidos que se producen en las empresas. Algunos Directores de Recursos Humanos se quejaban de que muchas veces, demasiadas, se les pide que “hagan sangre”  en las organizaciones.

Por esos páramos sesteábamos, cuando alguien, de forma repentina, dijo: “Muchas de estas decisiones, serían mucho más fáciles de resolver si uno se preguntase cómo le hubiera gustado actuar en esas ocasiones cuando uno se esté muriendo”. 

La respuesta nos dejó a todos impactados, la conversación cambio de rumbo completamente y empezamos a especular acerca de esa cuestión. Bastantes dijeron que era una afirmación absurda; alguien dijo que las empresas se convertirían en lugares muy blandos, donde no se podría hacer dinero, porque la gente podría hacer lo que le diera la gana sin que pasara nada; otro comentó que todos actuaríamos “como funcionarios”, en el sentido negativo que algunas veces se le da a esa expresión. El que había realizado la propuesta escuchaba atentamente las objeciones y cuando finalizaron, contestó lo siguiente: “Tampoco creo que en esas circunstancias -o sea, muriéndose- a nadie le gustase haber faltado a la justicia”.

Muchas personas tienen la creencia de que si se vivieran las cosas de una manera radical desde el punto de vista de la Ética, las empresas no funcionarían. A nuestro parecer esta afirmación es equivocada. Muchas veces pensamos que ir a favor de la persona, es permitir el remoloneo, la falta de rigor, el trabajo mal hecho o la falta de competitividad. Eso indica que, con frecuencia, los directivos tenemos una idea equivocada de lo que es la Ética empresarial y somos precisamente los directivos quienes tendríamos que liderar su aplicación y su puesta en marcha en las organizaciones. 

La Ética va siempre a favor del hombre, por supuesto. Pero es que la justicia, la exigencia en el trabajo, el pedirle a cada uno que dé lo que pueda dar -y no menos- y tantas otras cosas que favorecen la competitividad, eso también es ir a favor del hombre.

La Ética juega a favor de las personas y también de la empresa. Y no puede ser de otra manera, porque la ética regula con justicia las relaciones entre los hombres y -no lo olvidemos- la empresa está formada por personas. Regula, por tanto, las relaciones que se dan en el mundo empresarial de una manera justa. Mientras no lo veamos así, la Ética solo servirá para confundir a la gente. 

Muchas veces se hacen firmar a los trabajadores unos compromisos éticos que da la sensación que no se los cree nadie: ni  quien lo está firmando, ni quien los redactó. Todo el mundo sabe que después, cuando vienen mal dadas, se les llega a pedir lo contrario de lo que se le hizo firmar. ¡Qué despropósito! Existen muchas personas confundidas sobre la manera de enfocar las relaciones humanas en el mundo laboral y eso ocurre  porque, en el fondo, poca gente se cree que vivir éticamente sea eficaz para ganar dinero. Y, precisamente, ese error está costando mucho dinero a las empresas. 

Desde luego no hay ejemplo más elocuente que la presente crisis financiera mundial. ¿Cuánta parte de culpa de la crisis la tienen comportamientos no éticos? ¿Alguien duda ahora que los comportamientos éticos tengan un resultado positivo en la cuenta de resultados?

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