MI JEFE NO ES ÉTICO

Automotivacion

En una empresa, como en la vida misma, hay muchas ocasiones para no ser ético. Además, éstas se dan en todos los estratos de la compañía, aunque indudablemente son más habituales para aquellos que trabajan, de una manera permanente o al menos con cierta frecuencia, fuera de las oficinas centrales, para aquellos que dirigen personas o para los que hacen gastos con cargo a la compañía. 

Estas ocasiones- las de no ser ético- se pueden dar en muchos ámbitos del día a día del directivo: gastos “hinchados”; pérdidas de tiempo de manera descarada, incluso se han dado casos de personas que estaban trabajando para otra compañía; modos de acceder a concursos públicos; tratos preferenciales con algunos clientes o proveedores por criterios extra-profesionales; faltas de justicia; verdades a medias… Por eso, conviene recordar que no vivir la ética de una manera clara y continuada no ocurre de la noche a la mañana.

No es raro que esa forma de vivir acabe penalizando a aquellos que quieren acceder a funciones directivas. Sin ir más lejos, en los últimos años, hemos tenido ocasión de observar algunos casos de personas que han mantenido en secreto actuaciones corruptas durante cierto tiempo. Afortunadamente, la trama se ha acabado descubriendo y esas personas, que quizá en el pasado fueron admiradas, ahora son descalificadas. Desde luego, se podría decir que, en términos generales, la falta de ética, no está bien vista en el mundo directivo.

Sin embargo, podría pasar oculta y no ser condenada una falta de ética un poco más clandestina y, por ello, más difícil de identificar y demostrar. Pueden existir personas que no sean éticas porque “descuidan en pequeñas dosis” a su gente; porque roban (“toman prestado”) o hablan mal de la empresa con terceros; porque no hacen todo lo que deberían; porque se aprovechan de la empresa para intereses personales a costa de los accionistas… De este modo, su falta de ética puede pasar inadvertida para los directivos de la empresa y podrían llegar a alcanzar posiciones de poder.

Pero ¡ojo!: Que pase inadvertido para los altos directivos de la compañía, o para el departamento de RRHH, no quiere decir que no lo sepa nadie. En muchas ocasiones, lo sabe todo el mundo –algunos porque lo sufren- menos el que debiera saberlo, que lamentablemente coincide con la persona que tiene poder para poner remedio a esa situación. Quizá por eso no lo sepa: porque el poder le ha nublado la vista a él o a los que le rodean. La responsabilidad de ciertas funciones puede oscurecer la mente del directivo, impidiendo la claridad necesaria para juzgar con rectitud y tomar decisiones.

¿Y qué hacen los que lo saben?

En general, estas cosas suelen callarse: la gente no quiere líos. Otros querrían ponerlo de manifiesto, pero no saben cómo actuar y terminan pensando que son cosas personales en las cuales no se debe entrar. ¿Cobardes? No: son pensamientos razonables y en ocasiones prudentes, aunque desde luego poco arriesgados. Una persona que razone así, debe saber que puede hacer daño a una empresa. O sea, a personas concretas.

Por ejemplo, dentro del área de ventas pueden suceder situaciones “anómalas” con una cierta frecuencia. Supongamos que varios vendedores son testigos de cómo su jefe realiza acciones poco éticas de manera continuada. No son grandes cosas, pero son constantes. Todos lo saben –incluidos clientes y proveedores-, pero todos callan. Quizá sin que ellos lo sepan, su actitud influye mucho en la percepción que  los clientes y proveedores de esa zona tienen sobre la empresa, no sólo por la mala actitud de los jefes, sino también por la permisividad activa de los vendedores: existe una aprobación tácita de esas prácticas. El que calla otorga. La imagen de la compañía queda afectada negativamente.

¿De quién es la culpa? ¿Del jefe de zona, de los vendedores o de los directores centrales?

Hace poco presenciamos una situación parecida a la planteada. La conversación siguió los siguientes derroteros:

¿Cómo los directivos de la compañía han podido seleccionar a un jefe de zona que no es ético y a unos vendedores que tampoco lo son?

Bueno, todos podemos cometer errores. Es muy difícil saber si alguien es 100% ético en un proceso de selección.

Sí, por supuesto, pero los directivos no han cometido un error. Están aceptando un error.

¿Qué quieres decir?

Está claro: el error lo cometieron hace cinco años cuando contrataron a estas personas. Pero ya han pasado muchos años y siguen admitiendo esos comportamientos.

¿Tú piensas que los directivos de la compañía saben lo que está pasando?

No lo sé. Pero deberían saberlo: si lo saben y no hacen nada, malo; si no lo saben, peor…

Entiendo.

Quizá los peores no sean los jefes de zona, sino los propios directivos…

La imagen de la compañía empieza a nublarse y la sospecha tiñe los juicios de los stakeholders. 

Además, esa persona no podrá dirigir porque de alguna manera tiene las manos atadas. Sabe que en el fondo la gente que le reporta le tiene “cogido” ¿Cómo va a exigir de verdad? ¿Cómo va a prescindir de quien no le conviene, si sabe que pueden hablar y salir él muy perjudicado? ¿Cómo va a pedir esfuerzo, trabajo en equipo, solidaridad en bien del grupo si todo el mundo sabe que lo único que le interesa es el dinero -perdón, su dinero- y para conseguirlo hace cualquier cosa, sea lícito o no?

Estas situaciones tienden a empeorar: la gente no se conforma con un poco, siempre quiere más. Por otra parte, él sabe que, antes o después, lo van a “pillar”. 

¿Qué hacer? 

No hay recetas, en ocasiones no se puede hacer nada; pero en otras, la mayoría, sí. En esos casos, un consejo: valentía. Hay que romper la situación. Hay que explorar todas las vías que se tengan al alcance de la mano: contactos en RRHH, personas de confianza que tengan más poder o capacidad de obtener soluciones. A los ladrones, a los inmorales, a los caraduras hay que desenmascararlos cuanto antes. Tenemos que hacer todo lo posible para que dejen de hacer daño. Y no sigan propagando esa “cultura empresarial”, que por otra parte es contagiosa.

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