PORNOGRAFIA Y MUJER

La forma de vivir la pornografía es distinta en la mujer y el hombre. El hombre se excita con la vista, la mujer no. El hombre se excita con la vista porque tiene un deseo sexual indiferenciado: le gustan todas. La mujer no: el deseo sexual va  envuelto en cosas como la personalidad, la amabilidad,  la inteligencia.


Por eso la pornografía tiene un tirón distinto en el hombre que en la mujer. La pornografía engancha al hombre con facilidad, produce adicción en un periodo de tiempo relativamente corto, el proceso de deshabituación es dificultoso y puede llegar a ser un problema..

Por otra parte, como todo lo que tiene  relación con los sentidos, la excitación pornográfica sigue la ley de los rendimientos decrecientes. Esa ley que dice que si comemos algo que nos gusta muchas veces, cada vez nos gusta menos. Por eso, para tener la misma excitación cada vez habrá que ver imágenes más fuertes. Personas que han caído en la pornografía afirman que, después de una sesión pornográfica, el vacío es enorme. Al constatar que no se pueden desenganchar, se  produce en ellos un sentimiento de falta de autoestima y de bajeza personal que va tirando hacia debajo de esa persona, anímica y moralmente, de una manera creciente.

Además,  en el juego de la pornografía el hombre se está diciendo a sí mismo que no puede tratar a una mujer de una manera más elevada. La pornografía produce carencias emocionales para tratar a las mujeres; lo cual es, cada vez, más humillante para él. En muchas ocasiones, se renuncia a tener relaciones en el matrimonio porque se prevé que puede no haber erección: su mujer ya no produce en él la suficiente excitación. Es conocida, no tiene la novedad que tiene la  pornografía. La mujer se da cuenta de que cada vez le pide menos relaciones y empieza a sospechar que algo no está funcionando bien, sin saber qué es. Cuando la situación se hace notoria el desencanto por parte de la mujer suele ser grande.

Me contaba una mujer con muchos años de matrimonio que a los tres meses de casarse había descubierto a su marido revistas pornográficas. Ese dolor se reactiva cada vez que me acuerdo, decía con evidente tristeza.

Si la adicción se ha consolidado, el hombre siente que no tiene voluntad, que no es libre.  Hasta que no vaya a un especialista, no se arreglaran las cosas.  Cuando se reanuden las relaciones sexuales, a la mujer siempre le quedará la inseguridad de que, de alguna forma, está compitiendo con todo lo pornográfico que ha visto su marido.

La mujer, como no se excita con la vista, no siente gusto por la pornografía; incluso le da asco. Por eso, le resulta difícil de comprender que su marido sea capaz de disfrutar con esas bajezas. A veces para no parecer rara, acepta la pornografía: así es moderna y no es rechazada.  Es un error y, antes o después, se dará cuenta de que, si se hace zafia para ser aceptada, al final se sentirá excluida. Al hombre es difícil que le gane en ordinariez.

Compruebo con frecuencia que la pornografía está haciendo mucho daño en las parejas y que la mujer se siente muchas veces indefensa. Es otro campo donde la mujer no tiene que tener miedo a mostrar su feminidad y exigir ser respetada. El respeto mutuo en una relación es vital para el crecimiento de la misma.  Merece la pena, para la salud de la pareja, exigir ser respetada.

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