EL JEFE DICE: “PÓNGALO EN LA CALLE”

Automotivacion

Las relaciones humanas en la empresa siempre generan situaciones donde se hace conveniente la opinión de un tercero. En varias ocasiones nos han hecho la misma consulta: “Mi equipo esta trabajando bien, yo sé que funciona. Pero tengo la sensación de que a mi jefe no acaba de convencerle el equipo, sobretodo algunos miembros en concreto… y no sé los motivos. Yo intento decirle cosas positivas de mi gente, pero él no hace ni caso… ¿qué puedo hacer en esta situación? ¿Cuál sería la reacción más prudente?”. 

Por una parte, es verdad que un equipo puede funcionar bien independientemente de la opinión de mi jefe. Es decir, se pueden tener colaboradores competentes y útiles, aunque se piense que el  jefe que uno tiene en este momento, no los valora. Por otra parte, el jefe que uno tiene también es el responsable, ante sus jefes, de mi equipo. Si a él no le sirve alguno, a mí tampoco me tendría que servir, al menos teóricamente. Lógicamente si conociéramos los motivos reales del desencanto de mi jefe, la solución sería más fácil, pero en muchas ocasiones no podemos conocer los motivos y nos movemos por percepciones.

La solución no es fácil, incluso a veces plantea ciertos conflictos éticos. ¿Por qué razón me tengo que desprender de una persona que lo está haciendo correctamente? ¿Cuál es el motivo para dejar sin trabajo a una persona que trabaja bien y cumple con lo establecido?

Nuestra experiencia nos dice que para solventar esta dificultad, en la que uno se encuentra en una dicotomía incómoda, lo mejor sería tener una conversación sosegada con el jefe. En el transcurso de la conversación se le podría decir: “Me parece que no estás contento con el trabajo de esta persona de mi equipo. Si te gustaría que hiciese otra cosa o tuviera otro cometido, yo por mi parte, no tengo ningún inconveniente. Cuando quieras hablamos del asunto.”

De esta forma estamos haciendo que el otro -en este caso nuestro jefe- hable, se pronuncie. Así podemos hacernos una idea más clara de lo que piensa y quiere, porque podría ocurrir –no sería la primera vez ni la última- que nuestros temores fueran sólo una impresión equivocada por nuestra parte. Si realmente tiene algo que decirnos acerca de esa persona nos lo dirá, con lo cual nos facilitará poder dirigir a ese equipo de trabajo con más información. 

Pero también puede ocurrir que percibamos en el transcurso de la conversación que realmente no tiene nada objetivo contra esa persona, pero sí muchas cosas subjetivas. No piensa nada acerca de su trabajo y el problema es simplemente que “le cae mal” y no confía en él. Quiere que le pongamos en la calle.

Es sobrecogedor encontrarte en el mundo laboral a gente que valora muy poco el trabajo y la vida personal de otras personas. Y injustamente, por cuestiones que no tienen nada que ver con lo profesional, fuerzan la salida de personas que, por otra parte, están trabajando bien.

¿Qué hacer, cómo comportarse? Existen pocas soluciones efectivas para salvar a nuestra gente en esos casos. Una buena reacción sería tomar la iniciativa, como hemos expresado anteriormente. Pero si nuestro jefe lo quiere poner en la calle, lo acabará haciendo. Eso sí: que lo haga él y, si es posible, que nos dé razones objetivas. Somos conscientes de que todo esto no es fácil, pero es a lo que hay que tender. Que vea que nosotros “peleamos” por nuestra gente.

Cuando una persona lleva mucho tiempo en cargos directivos, si no es cuidadoso, puede tener cada vez menos respeto por el trabajo de los demás... y por su puesto de trabajo. Se acaba hablando de prescindir de personas por asuntos que son verdaderas ridiculeces. Con una prepotencia manifiesta, parecen tener la vida de otras personas en sus manos. No deja de ser una manifestación de vanidad infantil, aunque desde el punto de vista profesional pueda tener algo de  verdad.

Sería bueno que supieran dos cosas: por una parte, que fuera de esa organización, hay vida; por otra, que las decisiones que implican “jugar” con las personas no se pueden imponer.

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