FAMILIA, TRABAJO ¿COMPATIBLES?

Automotivacion

No cabe duda: La conciliación está de moda, es políticamente correcto hablar de ello y es bueno que sea así, porque constituye una ventaja a la hora de solucionar situaciones. 

La incorporación de la mujer a la vida laborar, al menos en occidente, ha supuesto un cambio drástico en el estilo de vida de muchos países. Es la primera vez que esto ocurre y no hay experiencia, ni historia, ni estadísticas para prever cuáles serán las consecuencias. 

Lógicamente, este tipo de cambios sociológicos necesitan años para completar su proceso de adaptación y asentamiento. En ello estamos, y esto está empezando: hay que reconocer que se están dando pasos. Pero también hay que tener en cuenta que la mujer ha estado en casa durante miles de años y la solución no se puede alcanzar de la noche a la mañana. En consecuencia, las decisiones que una pareja tome sobre su vida laboral, tendrá que tomarlas cuanto antes porque ni los Estados, ni las empresas, van a hacer nada sustancial en la vida activa profesional de esta generación.

Hay personas que se quejan y esperan inocentemente a que la empresa o el gobierno hagan algo. Son las mismas que no toman decisiones importantes, porque creen que algo definitivo va a pasar en un periodo corto de tiempo. “Esto de alguna forma tiene que cambiar”, piensan. No nos hagamos ilusiones: para que las cosas cambien de una manera sustancial tendrá que pasar tiempo.

 En este terreno las soluciones pasan necesariamente por decisiones personales que tendrá que tomar uno con su mujer o marido. Todo lo demás es caer en la ingenuidad.

Sí: para el mantenimiento de una pareja es necesario que haya comunicación, que se vean los esposos, que tengan momentos para ellos solos… Sí: para la educación de los hijos hay que planear, saber cómo queremos educar, qué valores queremos transmitirles...  Y sí: Todo esto se hace mucho más necesario en los tiempos en que vivimos, más necesario que antes. No estamos en tiempos de arriesgar. La felicidad nuestra, de nuestros hijos y de quien nos rodea, es lo que nos estamos jugando. Los tiempos son duros y el que arriesga, corre el riesgo de perder. 

Se suele decir que, mientras uno trabaja tiene que ir preparándose el mundo donde quiere vivir cuando se jubile. En el aspecto personal ocurre lo mismo. 

“Yo, cuando me jubile quiero que me cuide alguien que no cobre por hacerlo. Así por lo menos sabré que me quiere”, nos decía una persona después de comentar el penoso panorama de desamor en el que viven muchos directivos después de jubilarse.

Si las cosas no marchan y la culpa es del trabajo, del estrés, de los horarios maratonianos, algo habrá que hacer. No vale con quejarse. Habrá que ver si alguno de los dos debe trabajar menos o abandonar el trabajo: es el momento de llegar a acuerdos en la vida de familia. Insistimos, hay que hablar con  la pareja y tomar decisiones. 

Ya sabemos que toda decisión implica información y riesgo, si no, no sería una decisión. Nadie duda de que una decisión de este calado tenga un componente de riesgo elevado. Parte de la información que hay que valorar en este tipo de decisiones es la escala por la que antropológicamente se rige el ser humano. Y la jerarquía es clara: Primero, la familia; después, el trabajo. Toda decisión que no siga esta jerarquía está condenada al fracaso. Nos daremos cuenta, antes o después. Lo personal está antes que lo profesional. El trabajo es un medio, no un fin.

Ya lo decía el clásico: “Dios perdona siempre; los hombres algunas veces; la naturaleza nunca”. Muchas personas que en su vida profesional han hecho oídos sordos a esta escala de valores -que el ser humano lleva grabada en su naturaleza- están pasando por la experiencia de que la vida es irreversible. Las decisiones que tomaron en un momento dado están produciendo sus frutos y ahora hay que apechugar con las consecuencias. No existe moviola, ni repetición de la jugada, ni marcha atrás. La única forma de poner a  punto el reloj de nuestra felicidad, es pidiendo perdón en el terreno espiritual -que nunca es tarde- y en el personal si es posible  -porque a veces ya es tarde-.

Dicho queda y experiencia hay.

Los poderes públicos no pueden -ni deben- solucionar nuestra vida personal, ésa es sólo nuestra. En algunos casos, establecerán leyes que tiendan a no perjudicar e incluso a beneficiar nuestra vida privada. Pero la relación con mi pareja y la educación de mis hijos, siempre será y debe ser un asunto mío.

comments