SEXO Y PUDOR

Automotivacion

Se oye  con frecuencia decir que el pudor es consecuencia de la educación que hemos recibido; que no es algo natural, sino adquirido; que no es algo espontáneo, sino algo instaurado por la sociedad en que vivimos. Que si no hubiéramos sido educados de una determinada manera no sentiríamos esa necesidad de pudor, de recato, de mantenimiento de lo íntimo. No es verdad. 

Se estudia en antropología que en las sociedades donde se vive desnudo, el pudor sigue existiendo. Así, por ejemplo, cuando una mujer se da cuenta que es mirada con deseo, se esconde. También se ha observado que rara vez salta una alambrada o una valla delante de personas del otro sexo. Después de la II Guerra Mundial se hizo un experimento para demostrar que el pudor era educacional.  Pusieron a vivir juntos a niños y niñas pequeños, bebés, que habían quedado huérfanos durante la guerra y que, lógicamente, no habían sido educados en el pudor. Al cabo del tiempo, las niñas -más maduras emocionalmente que los hombres- pidieron separación en el dormitorio.  El pudor  apareció  de una manera natural. Es lógico: viene de fábrica. Por eso,  pedir a la mujer -como se está haciendo- que no sea pudorosa, de una manera natural, es pedir un imposible. 

Es verdad que  en nuestra sociedad hay muchas personas que se muestran de una manera no pudorosa, como si nunca hubieran tenido pudor. Pero esa naturalidad no venía de fábrica.  Todo lo relacionado con los sentidos sigue la ley de los rendimientos decrecientes. Esa ley que dice que si uno toma marisco todos los días, al principio le gusta mucho; más adelante le va gustando menos, hasta que llega un momento en que desea comer otra cosa. Igual ocurre con el pudor: desnudarse delante de alguien a quien uno no debe mostrarle su intimidad, al principio cuesta mucho; a medida que se van repitiendo actos de este tipo, cada vez va costando menos.  Llega un momento en que ya no se siente el pudor. Eso no quiere decir que el pudor no exista, sino que los sentidos han seguido la ley de rendimientos decrecientes. Insisto: ocurre igual en otros campos: cuando un niño miente a su madre por primera vez, le cuesta mucho hacerlo; cuando lo ha hecho mil veces, le cuesta poco o nada.

El pudor es necesario para vivir. Es una forma de defender nuestra intimidad. Es una manera de calibrar si el otro es digno de nuestra intimidad. Como el pudor forma parte de lo que podríamos llamar “buena humanidad”, es difícil encontrar a alguien que se arrepienta de haberlo vivido. Y al contrario, cuando no se vive, es muy frecuente encontrar a gente con la sensación de haber dejado entrar a otros en terrenos que no le pertenecían. Las cosas son como son, y se revuelven contra nosotros cuando queremos cambiarlas.

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